Guamacán, medio año después
Cayó el último bloqueo conocido… y aparecen nuevos.
Se cumple medio año del colapso del Túnel Guamacán. Y trae una noticia que llevábamos meses esperando: por fin rompieron el último de los bloqueos que se habían detectado. Pero, como se había estimado, en la zona desconocida existen nuevas sorpresas.
A unas cuatro centenas de metros y algo más del frente, hacia el portal de entrada, hay otro derrumbe, más pequeño; y, un poco más allá, aparece otro tapón de material que todavía hay que investigar. Es decir: se cerró un capítulo y, en el mismo movimiento, se abrieron dos más. Así avanza esta obra.
El parte, a seis meses
1.El sector ignorado se achica, pero no se vacía
De los 1.900 metros que nadie había visto —el tramo entre los dos frentes, la última zona no explorada del macizo—, ya solo quedan 1.500 metros. Se ganaron unos 400 metros, y no es poco: cada metro en esta obra se paga caro. Pero conviene no confundir reconocer con resolver: los dos obstáculos que acaban de aparecer estaban dentro de lo que hasta ayer era incógnita, y todo indica que no serán los últimos.
2.La caverna: la operación más compleja hasta ahora
Si algo merece contarse aparte es la caverna. Fue, sin discusión, la operación más compleja de todo lo realizado hasta ahora (los detalles del hallazgo y del riesgo los relaté en las entradas anteriores de esta serie). No era un derrumbe más: era un vaciado lateral de dimensiones respetables —del orden de 15 metros de alto por 20 de ancho y otros tantos de profundidad—, un hueco abierto en pleno flanco del túnel, con desprendimientos continuos desde la bóveda y desde su interior.
La solución fue tan contundente como la amenaza: se rellenó con grandes bloques de anime y concreto, y luego se cerró con un portal estructural para impedir nuevos deslizamientos o derrumbes desde su interior. En el proceso, además, la caverna dejó ver lo que la roca escondía: estratos débiles, fallamientos y —lo que conecta con la hipótesis geológica que hemos venido sosteniendo— vetas de grafito.
3.El patrón: se cae donde no hay arcos
Hay un detalle que conviene subrayar, porque ordena todo lo demás. Las zonas por donde se ha avanzado —las críticas, como la gran caverna, que ya fue subsanada— se han fortalecido con las "costillas" de acero (los arcos estructurales), la malla y el concreto proyectado. Ese sostenimiento es, hoy, la columna vertebral de lo recuperado.
Pero se presume que no todo el trecho que resta cuenta con arcos o estructuras que protejan de derrumbes. Y aquí está la pista: los derrumbes han coincidido, en su mayoría, con los tramos donde no había arcos estructurales. No es casualidad —es física de sostenimiento—. Donde la roca está confinada por costillas, malla y lanzado, aguanta; donde quedó desnuda, cede.
4.Lo que el material suelto nos está diciendo
Cada desprendimiento deja expuestas nuevas pequeñas fallas en la roca, y cada una debe atenderse con la técnica adecuada a su caso: no es lo mismo una diaclasa seca que una zona de cizalla húmeda o un plano de estratificación que se abre. No hay una receta única; hay que leer la roca tramo a tramo.
Y hay una señal que no debemos pasar por alto: la existencia de material suelto en abundancia es un síntoma de desprendimientos en la zona desconocida, la que aún no se ha explorado. Ese escombro no se generó donde lo encontramos: fue arrastrado. Es decir, nos habla de colapsos que ocurrieron —o siguen ocurriendo— más adentro, en los 1.500 metros que faltan. El material suelto es el mensajero de la zona no explorada.
Si el túnel estuviera lleno de agua desde la represa, perforar un tapón debería hacer brotar al menos un hilo. Que no salga nada admite una lectura razonable: más allá debe de haber otra u otras obstrucciones.
5.La regla que sigue guiando la lectura
Desde la entrada de los cuatro meses vengo usando una herramienta sencilla —pura hidrostática— para estimar dónde está lo que no vemos. La repito aquí porque sigue siendo el criterio con el que leo cada tapón y cada frente: mientras el agua está quieta, su superficie es un plano horizontal aunque el piso baje, y esa diferencia nos dice cuántos metros hay hasta que el agua llena el túnel.
Estimación de la primera obstrucción desde el portal de entrada
Parte de un dato observado: el personal ingresó por el portal de entrada (Sur) y avanzó —hacia la salida— hasta que el agua le llegó al cuello (≈ 1,5 m). Con el túnel de ≈ 3 a 3,5 m de diámetro, una pendiente media de −1,2 % y flujo no escalonado (agua quieta), la superficie del agua es un plano horizontal mientras el piso desciende: cada metro avanzado suma apenas ~1,2 cm de profundidad. Eso permite estimar dónde el agua llena el túnel, es decir, dónde estaría la primera obstrucción.
d = Δh / sen θ · pendiente 1,2 % → sen θ ≈ 0,012 (~1,2 cm por metro; θ ≈ 0,69°)
- Borde del agua → cuello: 1,5 ÷ 0,012 ≈ 125 m (lo que el dato fija con certeza).
- Borde del agua → primera obstrucción (donde el agua toca la bóveda): 3,0–3,5 ÷ 0,012 ≈ 250–290 m; es decir, ~125–165 m más adentro.
- Desde el portal de entrada: el tramo seco recorrido antes del agua (por confirmar) + ~250–290 m.
Salvedad. Es un supuesto, no una medición. El número fuerte es el tramo borde→cuello (~125 m); ubicar la obstrucción exige fijar el diámetro real y el tramo seco previo. Con la misma fórmula d = Δh / sen θ, cualquier ajuste de pendiente o diámetro recalcula las distancias.
6.Mientras tanto, la ciudad: una "cuasi normalidad" frágil
Los trabajos continúan día y noche, como hemos verificado, y los servicios dentro del túnel para la seguridad del personal se mantienen y mejoran. Pero el avance en las zonas afectadas es lento: implementar las "costillas" de acero para proteger de nuevos derrumbes y, luego, colocar la malla y proyectar el concreto es un trabajo arduo y delicado. Se avanza por metros, día a día. No es lentitud por desidia: es el ritmo que impone la roca.
En la ciudad, las maniobras de distribución han alcanzado una "cuasi normalidad" que merece reconocerse. Pero es un equilibrio frágil, porque el agua sigue viniendo de las tomas expuestas: la de Mochimita en el río Manzanares y la del río Cancamure.
Las ondas tropicales arruinan el agua justo cuando más se necesita
Estamos en temporada de ondas tropicales, y la turbidez que esas lluvias arrastran degrada la calidad del agua de ambas tomas hasta el punto de impedir su procesamiento en la planta Juan José Codallos. Es decir: el respaldo que sostiene la "cuasi normalidad" puede caer justo cuando más llueve, y con él, las maniobras de distribución que tanto ha costado afinar.
7.Conclusión: cae un muro, aparecen dos
A medio año, mi criterio se mantiene y se afina. El avance es real y hay que reconocerlo: cayó el último bloqueo conocido, la caverna quedó subsanada y el sector ignorado bajó de 1.900 a 1.500 metros. Pero la aritmética del subsuelo no cambia por buenas noticias: faltan, como mínimo, otros cuatro o cinco meses de trabajo —probablemente más—, y eso sin contar lo que escondan esos 1.500 metros, de los que el material suelto ya nos advierte que habrá más desprendimientos.
Cada muro que cae abre dos preguntas nuevas. Así es esta obra, y así seguirá siendo hasta el final: se avanza por metros, se sostiene por metros, y se aprende —por fin— a leer la roca antes de que hable. Cumaná, mientras tanto, seguirá sostenida por sus dos ríos, por unas maniobras cada vez mejores… y por un clima que no promete nada.
Rommel J. Contreras G. · Físico · AGHES · Tecnología Cumanesa — Cumaná, Venezuela.
Excelente trabajo, profundidad de conocimientos, realidad inigualable y verdadero compromiso por nuestro bienestar.
ResponderBorrarGracias Rommel por tanto.
Erolfo Borges.