Túnel Guamacán, cuatro meses después
Aún no sale agua del túnel.
Se cumplen cuatro meses del colapso del Túnel de Trasvase Guamacán y, con ellos, cuatro meses en que Cumaná no recibe los 2.000 litros por segundo que ese túnel traía desde el embalse del Turimiquire. No es un dato menor: era, sencillamente, la columna vertebral del abastecimiento de la ciudad. Con el túnel ya intervenido en buena parte de su recorrido, toca una revisión honesta: qué sabíamos, qué sabemos hoy y qué seguimos sin saber.
Lo escribo con el mismo criterio que sostuve desde febrero, y que el tiempo no ha contradicho: esto no fue un accidente puntual, sino la factura de 38 años de un revestimiento envejecido; y la salida no es "despejar escombro", sino rehabilitar kilómetros de galería.
El túnel en cifras, hoy
1.Lo que sabíamos (febrero–mayo)
El colapso pudo no deberse solo al supuesto sismo. En marzo planteé que el movimiento telúrico pudo ser, o no, el detonante —y no necesariamente la causa—: lo que más pesaría sería el deterioro acumulado del revestimiento. La pista visual apuntaría en esa dirección: sobre el derrumbe, el techo aparenta estar intacto, lo que sugeriría que el escombro no cayó allí, sino que debió de ser arrastrado por el flujo desde aguas arriba —arietes hidráulicos movilizando bloques— hasta acumularse donde colapsó.
El LiDAR diagnostica, no resuelve. En abril insistí en que el escaneo 3D es extraordinario para ver el túnel, pero que repararlo exige tres cosas inseparables: ingenieros, capital y voluntad sostenida. Y estimé entre 12 y 18 meses una rehabilitación estructural seria.
Cinco kilómetros de incógnita. A finales de mayo, con los frentes avanzando desde ambas bocas, quedaba un tramo central de unos 5 km sin reconocer: la "caja negra" geotécnica del macizo.
2.Lo que sabemos hoy (el avance es real)
Hay que decirlo con claridad, porque es verdad y porque da credibilidad a lo demás: el trabajo subterráneo que se observa es serio. De un túnel de unos 12,9 km, hoy se han intervenido alrededor de 11 km: unos 5,5 km desde la entrada Sur, hacia la represa, y otros 5,5 km desde la salida Norte, hacia Periquito–Cumaná.
El lado Norte, en particular, opera ya como un frente industrializado: electricidad de 220 V, aire forzado, extracción del monóxido de las máquinas, internet y vehículos eléctricos que trasladan al personal a las distintas secciones del recorrido. El sostenimiento se ejecuta con malla de acero, concreto proyectado (lanzado) y vigas —las "costillas" metálicas—. A lo largo del trazado se han removido los escombros y, por lo que puede inferirse, se superaron unas cinco obstrucciones sucesivas del lado de la salida.
El punto más delicado de esta fase es la cavidad, mencionada por el propio ministro de Aguas: un vaciado lateral de aproximadamente 20 × 20 × 20 metros abierto a un costado del túnel. Su origen sería coherente con la física que vengo describiendo: un desprendimiento lateral que el agua debió de ir ensanchando, arrastrando material desde su origen hasta el sitio del colapso. Allí se trabaja hoy, con apuntalamiento previo de malla, lanzado y vigas; pero la cavidad seguiría siendo peligrosa: debe de haber desprendimiento de roca desde la bóveda, a unos 20 metros de altura, y los obreros avanzarían bajo resguardos móviles tipo "tortuga". No es teatro: es ingeniería de emergencia trabajando contra la roca, con la tecnología nacional disponible y mucho sentido común.
3.El dato que inquieta: un tapón perforado del que no sale agua
Y, sin embargo, hay un hallazgo que pesa más que todos los metros despejados. Hacia esos 5,5 km del lado de la salida se llegó a un tapón que fue perforado horizontalmente… y del cual no emana agua.
Si el túnel estuviera lleno de agua desde la represa, perforar el tapón debería hacer brotar al menos un hilo. Que no salga nada admite una lectura razonable: más allá debe de haber otra u otras obstrucciones.
Es decir: abrir la salida no equivaldría a que el agua salga. El tapón seco sería, hoy, el respaldo de campo de lo que sostuve en marzo —el daño no estaría solo donde colapsó la bóveda, sino repartido aguas arriba— y vendría a ser la verdadera nueva incógnita crítica.
4.Lo que seguimos sin saber
Quedan unos 1,9 km del túnel que nadie ha visto: el tramo entre los dos frentes. Es la última caja negra. Mi expectativa, prudente, es que ese segmento no presente retos mayores que los ya encontrados —obstrucciones, desprendimientos, sostenimiento—; pero "prudente" no es "garantizado", y mientras no se reconozca, cualquier cronograma es una promesa, no un dato.
5.Mientras tanto, la ciudad
Cumaná no espera con el grifo abierto. Sobrevive con 1.000 litros por segundo de emergencia —mitad del río Manzanares, mitad del Cancamure—, es decir, la mitad de lo que aportaba el Turimiquire por el túnel. Y esa media ración es frágil: estamos en temporada de ondas tropicales, y la turbidez que esas lluvias arrastran degrada la calidad del agua hasta el punto de impedir su procesamiento en la planta Juan José Codallos. El suministro de respaldo no solo es la mitad: puede caer justo cuando más llueve.
6.Conclusión: el avance es cierto, el plazo también
A cuatro meses, mi criterio inicial se mantiene. Hay un esfuerzo técnico real y bien montado, y eso hay que reconocerlo sin regateos. Pero reconocerlo no cambia la aritmética del subsuelo: faltan, como mínimo, otros cuatro meses —probablemente más— para que exista siquiera una posibilidad mínima de que el agua de la represa vuelva a brotar por la salida del túnel. Y eso sin contar lo que depare el 1,9 km aún ignorado.
El tapón que no da agua resume el problema mejor que cualquier discurso: se puede llegar, se puede perforar, se puede iluminar y ventilar trece kilómetros de montaña… y aun así el agua no pasa. Entre la narrativa de que "la meta está cerca" y la realidad hidráulica hay, todavía, varias obstrucciones de por medio. Cumaná seguirá, por ahora, dependiendo de sus dos ríos y del clima.
Una salida práctica mientras el túnel no da agua: crear un río bajo nuestros pies
Si la rehabilitación del túnel puede demorar lo que resta del año, no podemos atar el destino de la ciudad a una sola obra. Hace falta una alternativa paralela, modesta pero real, que empiece a dar agua ya: la perforación de pozos en espacios públicos —plazas, canchas, terrenos de escuelas, estacionamientos— para alimentar los tanques de emergencia y los contenedores de los que pueda servirse directamente la población.
La idea es sencilla y se apoya en una ventaja que Cumaná sí tiene: un subsuelo rico en agua. Ningún pozo, por sí solo, sustituye al Turimiquire; pero la sumatoria de muchas fuentes —decenas de captaciones distribuidas por la ciudad— equivale, en la práctica, a "crear un río" a partir del agua que ya está bajo nuestros pies. Es la manera concreta de convertir muchos hilos pequeños en un caudal aprovechable, sin esperar a que la montaña libere su tapón.
Frente a una solución de fondo que tarda, esta es una respuesta de cercanía: distribuida (el agua nace donde vive la gente), escalable (se abre un pozo y luego otro, según rinda cada sector) y ejecutable con la tecnología nacional disponible y sentido común. No reemplaza la reparación del túnel: la acompaña, para que la ciudad no siga midiendo el agua en meses de espera.
Estimación de la primera obstrucción desde el portal de entrada
Este anexo es un ejercicio supuesto, no una medición. Parte de un dato observado: el personal ingresó por el portal de entrada (Sur) y avanzó —hacia la salida— hasta que el agua le llegó al cuello (≈ 1,5 m). Con el túnel de ≈ 3 a 3,5 m de diámetro, una pendiente media de −1,2% (según mis notas) y flujo no escalonado (agua quieta), la superficie del agua es un plano horizontal mientras el piso desciende: cada metro avanzado suma apenas ~1,2 cm de profundidad. Eso permite estimar dónde el agua llena el túnel, es decir, dónde estaría la primera obstrucción que la represa aguas arriba.
d = Δh / sen θ · pendiente 1,2% → sen θ ≈ 0,012 (~1,2 cm de profundidad por metro; θ ≈ 0,69°)
- Borde del agua → cuello: 1,5 ÷ 0,012 ≈ 125 m (lo que el dato fija con certeza).
- Borde del agua → primera obstrucción (donde el agua toca la bóveda): 3,0–3,5 ÷ 0,012 ≈ 250–290 m; es decir, ~125–165 m más adentro de donde quedaron con el agua al cuello.
- Desde el portal de entrada: el tramo seco recorrido antes de hallar el agua (aún por confirmar) + ~250–290 m.
Salvedades. Todo el anexo es un supuesto. El número fuerte es el tramo borde→cuello (~125 m); ubicar la obstrucción exige fijar el diámetro real y, sobre todo, el tramo seco recorrido antes del agua. Con la misma fórmula d = Δh / sen θ, cualquier ajuste de la pendiente o del diámetro recalcula directamente las distancias.
Rommel J. Contreras G. · Físico · AGHES · Tecnología Cumanesa — Cumaná, Venezuela.
