domingo, 18 de octubre de 2026

Simulador: dónde caen los satélite

Zona de Caída: un simulador para entender cómo y dónde cae un satélite

Autoría: Licenciado físico Rommel Contreras · Tecnología Cumanesa

¿Dónde y cuándo cae un satélite cuando termina su vida? Para responder construí Zona de Caída, un simulador de reentradas atmosféricas que funciona en cualquier navegador, sin instalar nada. Es una herramienta pensada para enseñar física: cada número que muestra sale de una ecuación que puedes seguir, y cada incertidumbre se muestra, no se esconde.

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Zona de Caída — Simulador satelital
Vista previa de la aplicación: pasadas orbitales que decaen hasta la zona de caída.

El cielo en tiempo real: 17.214 objetos en órbita

Cada punto del globo es un objeto real del catálogo, movido con el mismo modelo kepleriano + J₂ del simulador. Arrastra para girarlo, acércalo con la rueda y toca un punto para ver su nombre, país, altura y periodo. Los colores separan los regímenes: órbita baja (la gran mayoría, más de 16.000), órbita media (GPS, Galileo), geoestacionaria (el anillo amarillo a 36.000 km), muy elípticas y objetos con reentrada próxima.

Globo interactivo. Si no carga en tu dispositivo, ábrelo en pantalla completa. Para que se distingan, la altura está comprimida: la capa de órbita baja se exagera y la geoestacionaria queda a ≈ 1,75 radios terrestres (en realidad, a 5,6).

1. Por qué los satélites caen

A 400 km de altura el aire no está vacío: es 10¹² veces menos denso que a nivel del mar, pero un objeto que viaja a 7,7 km/s lo siente. Ese roce, el arrastre atmosférico, le quita energía, la órbita se achica y el satélite desciende hasta que el aire lo frena de golpe. La aceleración por arrastre es:

aD = −½ · ρ · v² · (Cd · A / m) ⟶ B = Cd · A / m

La combinación B es el coeficiente balístico: cuánta superficie por unidad de masa ofrece el objeto al aire. Un satélite plano y ligero (B alto en esta convención) cae antes que una esfera de plomo. Para una órbita casi circular de radio a, el decaimiento es:

da/dt = − B · ρ(h) · √(μ · a) T = 2π √(a³/μ)

Como ρ depende de forma exponencial de la altura, ρ(h) = ρ₀ · e−(h−h₀)/H, el proceso se acelera solo: baja un poco, el aire es más denso, frena más, baja más rápido. Por eso la reentrada final dura minutos tras meses de decaimiento casi imperceptible.

ISS ≈ 420 km 200 km: se vive días 150250350450550 km 10⁻⁹10⁻¹⁰10⁻¹¹10⁻¹² ρ (kg/m³, escala log) Altitud
Densidad atmosférica (valores representativos, actividad solar moderada). Cada 50–70 km de descenso la densidad se multiplica por diez. El modelo de la aplicación usa una atmósfera exponencial por capas (tabla de Vallado).

2. La órbita y la traza en tierra

El satélite no sobrevuela un punto fijo: mientras él da una vuelta (~92 min a 400 km), la Tierra gira bajo su plano orbital. Cada órbita cruza el ecuador unos 23° más al oeste (360° × T / 86 164 s). Además, el achatamiento terrestre (J₂ = 1,0826 × 10⁻³) hace precesar el plano orbital:

Ω̇ = −(3/2) · J₂ · n · (RE/a)² · cos i

La latitud máxima que alcanza la traza es igual a la inclinación i de la órbita: una órbita de 51,6° (como la de la ISS) nunca pasa más allá de 51,6° de latitud. Ese hecho será clave más adelante, con el Punto Nemo.

+51,6° (inclinación) −51,6° Longitud → (una vuelta completa) ecuador órbita n órbita n+1 ≈ 23° al oeste
Traza en tierra de dos órbitas consecutivas con i = 51,6°. La segunda queda desplazada ≈ 23° al oeste: así el satélite va «barriendo» la Tierra.

3. La incertidumbre: ¿por qué no se puede dar la hora exacta?

La densidad atmosférica a esas alturas depende de la actividad solar, que no se conoce con exactitud ni días antes. Un error del 18 % en ρ se traduce directo en un adelanto o retraso de la caída. Por eso las agencias espaciales tampoco dan una hora exacta: sus predicciones se equivocan en un 10–20 % del tiempo restante, y solo a pocas horas del final la ventana se cierra a unos minutos.

La aplicación lo trata como lo haría un físico: un Monte Carlo cuasialeatorio sobre el factor de densidad (lognormal, σ = 0,18). Genera miles de variantes del mismo satélite y reporta la distribución de instantes de reentrada, no un único valor.

reentrada hoy: ±10–20 % del tiempo restante predicción nominal el cono se cierra, pero nunca a cero Tiempo → t₀
El «cono de incertidumbre»: cuanto más lejos está la reentrada, más ancho es el rango. Una sola cifra sin barra de error sería una afirmación falsa.

4. Qué pasa en la reentrada y cuánto daño podría hacer

Ya entrando, el objeto se rompe, se calienta y la mayor parte se vaporiza. Lo que sobrevive cae sobre una huella alargada de cientos de kilómetros de largo por decenas de ancho. Los fragmentos se ordenan por su coeficiente balístico: los grandes y ligeros frenan antes; los compactos y densos llegan más lejos.

sentido de avance → grande y ligero B bajo: frena antes compacto y denso B alto: llega más lejos Huella de restos: cientos de km de largo × decenas de km de ancho
Los restos se reparten a lo largo de la trayectoria según su B. No hay un «punto de caída»: hay un corredor.

Para estimar el riesgo uso el método de área de víctima de la NASA, que suma, para cada fragmento que sobrevive, el área efectiva donde una persona resultaría herida:

Ac = Σ ( √Ai + 0,6 m )² · E = ½ m vterminal²

Se combina con la densidad de población estimada para dar el número esperado de víctimas, que en la práctica es minúsculo: en más de 65 años de reentradas no hay ninguna muerte confirmada por restos espaciales. Esa es una de las lecciones que el simulador muestra con números.

5. Reentrada controlada y el Punto Nemo

Si el satélite aún tiene propulsión, no se deja caer al azar: se aplica un impulso retrógrado (frenando contra el movimiento) que baja el perigeo hasta ~100 km, dentro de la atmósfera. La reentrada entonces ocurre en una zona elegida y no sobre la población.

Tierra Δv retrógrado perigeo ≈ 100 km (dentro de la atmósfera) órbita inicial órbita de reentrada atmósfera efectiva
Un impulso retrógrado Δv en el punto alto de la órbita deja el perigeo dentro de la atmósfera. Entre más empinada la entrada, más corta y localizada es la huella.

La zona de disposición real se llama Punto Nemo (48°52,6′ S, 123°23,6′ O): el lugar más alejado de cualquier tierra, a unos 2 700 km de la costa más cercana. Allí se han hundido más de 260 objetos, incluida la estación Mir. La física impone una condición: la latitud 48,9° S solo es alcanzable si la inclinación orbital cumple i ≥ 48,9°. La aplicación lo comprueba y lo explica.

Importante sobre el alcance: en la realidad no se «apunta a un punto». Se coloca una huella sobre un corredor oceánico con probabilidades. Por eso el simulador expone la geometría que resuelve (anomalía, ascensión recta, fase terrestre, número de órbitas, Δv) en lugar de mostrar solo un resultado. Y por diseño está limitado a la disposición segura: no incluye ningún control para dirigir una caída sobre un lugar poblado.

Qué parámetros pesan más al dirigir un objeto al Punto Nemo

Ordenados por sensibilidad, es decir, cuántos kilómetros se corre la huella por cada error pequeño. Las cifras son órdenes de magnitud de la mecánica orbital, no salidas exactas del simulador.

#ParámetroQué decideSensibilidad
1Inclinación frente a la latitud de NemoEs una puerta, no un ajuste fino: si i < 48,9° la huella nunca llega.Sí o no
2Instante del impulso (fase orbital)Fija dónde se frena; con impulso retrógrado la entrada ocurre unos 180° después.≈ 7 km a lo largo de la traza por segundo
3Plano orbital (RAAN) y rotación terrestreElige cuál pasada cruza el Pacífico Sur; la Tierra gira ~23° por órbita bajo el plano.Discreto: las pasadas vecinas caen a miles de km
4Magnitud del Δv y perigeo objetivoFija el ángulo de entrada y, con él, el largo de la huella.1 m/s ≈ 3,5 km de perigeo; entradas rasantes dispersan cientos de km
5Dirección del empujeUn error fuera del plano desplaza la traza hacia los lados.1° ≈ 2 m/s transversales, decenas de km
6Coeficiente balístico B = Cd·A/mCómo frena cada fragmento; no se controla y depende de la actitud del objeto.Decenas a cientos de km en la huella
7Densidad atmosférica (actividad solar)Poco en una reentrada controlada: el último tramo dura minutos.Decenas de km
8Conocimiento de la órbita (efemérides)Un error de medición se arrastra a todo lo demás.Km a lo largo de la traza, crece con el tiempo

Cómo leerlo: las filas 1–3 son geometría (si pasa por Nemo y cuándo); las 4–5 son el control activo que afinan los operadores con el motor; las 6–8 son incertidumbre ineludible, y por eso se apunta a un corredor oceánico amplio y no a un punto. Nemo, con miles de km de océano alrededor, absorbe esos errores sin tocar tierra. El simulador resuelve de verdad las filas 1–4 y deja B, altura e inclinación como deslizadores; no modela el error de apuntamiento ni el de efemérides.

6. Qué ofrece la aplicación

ModoQué hace
Diferido / Tiempo realCatálogo de 17.214 objetos reales (CelesTrak y observadores aficionados): búsqueda, propagación Kepler + J₂, predicción de reentrada con ventana de incertidumbre y juego de apuestas sobre dónde pasará la zona de caída (sin dinero).
TeóricoLaboratorio de clase: satélite ficticio AULA‑1 con deslizadores de masa, área, Cd, altura (hasta ~140 km) e inclinación, traza en tierra animada, punto de partida arrastrable en el mapa, panel de daños y huella con zoom. Carga las propiedades físicas de casos reales históricos.
SensibilidadMuestra cuánto adelanta o retrasa la caída cada incertidumbre, agrupada por ambiente, objeto y datos: una lección de propagación de errores.
Reentrada controladaSección didáctica con gráficos y botón de desorbitar al Punto Nemo con la geometría resuelta y sus ecuaciones.

7. Utilidad y compromiso académico

  • Para docentes y estudiantes de física, ingeniería y ciencias de la Tierra: mecánica orbital, atmósfera, error y probabilidad en una sola práctica interactiva.
  • Para divulgación: responde preguntas que el público se hace cada vez que cae un cohete o un satélite en las noticias.
  • Honestidad científica: todos los datos son públicos y las limitaciones se declaran. Es un modelo simplificado y educativo, no un sistema operativo ni de alerta. Para predicciones oficiales hay que consultar Space‑Track (mensajes TIP), Aerospace Corporation o la ESA.
  • Transparencia: no recoge datos personales, no tiene servidor ni cuentas, funciona sin conexión si se abre el archivo local.
  • Uso responsable: es una herramienta de comprensión. Su diseño evita deliberadamente cualquier función de puntería sobre zonas habitadas.

8. Fuentes y créditos

Datos orbitales: CelesTrak (SATCAT y elementos GP) y elementos de objetos clasificados seguidos por aficionados (Mike McCants). Contorno terrestre: world‑atlas (Natural Earth). Modelo atmosférico: tabla de Vallado. Método de daños: estándar de área de víctima de la NASA. Esta aplicación es una herramienta educativa, no una predicción operativa.

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Autoría: Licenciado físico Rommel Contreras · Tecnología Cumanesa

sábado, 3 de octubre de 2026

La fecunda zona tropical

La fecunda zona tropical. Bicentenario de la Silva a la agricultura de la zona tórrida de Andrés Bello, 1826-2026. Globo terráqueo con la franja tropical entre los trópicos de Cáncer y Capricornio.

La fecunda zona tropical

Por: Rommel Contreras

Cumaná, 3 de octubre de 2026

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Preámbulo, escrito para un 3 de octubre

Publico este ensayo hoy, 3 de octubre, y no otro día, por una doble deuda que el calendario quiso anudar por mí. En octubre de 1826 apareció en Londres el tomo primero de El Repertorio Americano, donde Andrés Bello dio a la imprenta su Silva a la agricultura de la zona tórrida: se cumplen, pues, doscientos años justos del poema que atraviesa estas páginas y que mi bisabuela recitaba de memoria frente al mar de Río Caribe. Y un 3 de octubre, pero de 1841 —el mismo año, nótese, en que salían de las prensas de París el Resumen de Baralt y la Geografía de Codazzi—, nació en Valencia mi bisabuelo, Francisco González Guinán, quien a su manera continuaría la obra de ambos.

A mi bisabuelo no lo conocí; tampoco, en rigor, lo conocieron del todo sus hijas margariteñas. Llegó a la isla refugiado, en el tránsito del siglo XIX al XX, ya casado en Valencia; allí conoció a Rita Amadora Marcano, y de ese amor sin partida nacieron Gabriela y Eduarda, a quienes nunca reconoció. La historia, que él supo escribir en catorce tomos, no le alcanzó para escribir esos dos nombres.

Pero la sangre y la memoria no necesitan notario. Lo que el apellido negó lo transmitió la voz: fue por esa vía materna —la bisabuela que recitaba la Silva al pie del cerro El Toro, la abuela que rezaba la «Oración por todos» como herencia de un padre al que posiblemente nunca vio— que me llegó el legado que este ensayo intenta honrar y devolver. Y procuro seguir sus pasos con obras: cuatro libros de historia llevan ya mi firma y pueden hallarse en las librerías digitales buscando, sencillamente, Rommel Contreras.

Sirva entonces este 3 de octubre para un doble homenaje: al respetable don Andrés Bello, en el bicentenario de su fecunda Silva; y a Francisco González Guinán, en los 185 años de su nacimiento, de quien heredé, sin que él lo pretendiera, el oficio de mirar a Venezuela a través de su geografía y su historia. Para eso también sirven las efemérides: para que los hijos no reconocidos de la historia reciban, aunque sea un siglo después, su acta de reconocimiento.

Tras las guerras de independencia (1810-1825), nuestro Andrés Bello, durante su exilio en Londres, escribe la Silva a la agricultura de la zona tórrida en 1826, hace ahora doscientos años. Una larga silva —mezcla de versos endecasílabos y heptasílabos— que se erige como una exaltación poética de la naturaleza tropical americana y un llamado a valorar la vida del campo por encima de la ciudad. Mi bisabuela Rita Amadora Marcano, nacida en Juan Griego, en la isla de Margarita, la recitaba toda de memoria en sus conversatorios nocturnos al pie del cerro El Toro, en la playa de Río Caribe; se la enseñó a mi abuela Gabriela Isabel (hija de su marido, Francisco González Guinán, cuando estuvo refugiado en Margarita); y también, a su nieto, mi papá Aser Contreras, y él a mí. Pero confieso que la he olvidado en gran parte, al igual que la «Oración por todos», traducida por Bello de Víctor Hugo, la cual era rezada por mi abuela como herencia de su muy devoto padre. Un legado cultural que se transmitió por vía materna, aunque mi abuela posiblemente no conoció a su padre; fortuna que sí tuve yo, en detalle, hasta que falleció en la ancianidad.

La Silva a la agricultura de la zona tórrida intenta crear una identidad cultural propia para las nuevas naciones latinoamericanas, sugiriendo dejar de imitar los modelos europeos para valorar la propia tierra; esta obra formaba parte de un proyecto más ambicioso llamado América, que Bello nunca terminó, inspirado posiblemente en el pregonar incansable de Francisco de Miranda.

El poema comienza así:

«¡Salve, fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes
el vago curso, y cuanto ser se anima
en cada vario clima,
acariciada de su luz, concibes!».

Lo curioso es que Bello usa el término «zona tórrida» en el título, pero en el cuerpo del poema la llama «fecunda zona» (fértil) y la describe como una tierra generosa y llena de vida. Los antiguos griegos y romanos llamaron «tórrida» (quemada) a esta franja porque creían que el calor era tan extremo que la hacía inhabitable. Pensaban que los rayos del Sol, al caer verticalmente dos veces al año, impedirían la vida humana. Sin embargo, la realidad americana desmintió esa creencia: en esta zona hay «países frescos, templados y saludables en donde se goza casi de primavera y otoño perpetuos» (algunos, con jocosidad, la hubieran llamado «zona viva la pepa», y por ello somos tan «tostados»), gracias a sus vientos frescos, lluvias frecuentes y «dos cosechas de fruto cada año». El nombre «tórrida» resultó ser inapropiado y, por ello, fue reemplazado con el tiempo por términos más precisos: zona intertropical o zona tropical. La clasificación mundial de cinco zonas (tórrida, dos templadas y dos frías) sigue siendo válida geográficamente, pero el adjetivo original resultaba engañoso al sugerir un calor extremo que no corresponde con la rica realidad de muchas regiones tropicales.

Todo lo anterior lo sabía Bello porque él, además de todo lo que fue, fue un auténtico amante de la Geografía. Ese amor queda plasmado en su Cosmografía (publicada originalmente en 1848; un ejemplar original reposa en mi biblioteca), un destacado texto de divulgación científica y astronómica.

En la Cosmografía de Bello se siente el eco de Lorenzo Hervás y Panduro. De hecho, cuando Bello analiza fenómenos celestes en su texto, utiliza y cita explícitamente el Viaje estático al mundo planetario de Hervás y Panduro, donde el jesuita utiliza telescopios imaginarios y la teoría newtoniana para describir el cosmos. Lorenzo Hervás es el gigante de la lingüística comparada gracias a su monumental Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas. Para un gramático de la envergadura de Andrés Bello, la obra filológica de Hervás era de consulta obligatoria. El afán del jesuita por estudiar de forma científica las lenguas indígenas americanas dejó una impronta directa en la visión americanista y unificadora del idioma que Bello defendería décadas más tarde. No son casuales los lazos entre la filología, la literatura, la historia y la geografía. Son, más bien, las cuatro patas de una misma mesa: el lenguaje ocurre en el tiempo (historia) y en el espacio (geografía), y la literatura es el testimonio más rico de esa ocurrencia. En palabras llanas: no es otra cosa que el estudio del hombre en el tiempo y en el espacio a través de su lengua y sus relatos.

La obra de Andrés Bello explica la estructura del universo basándose en los descubrimientos más recientes de su época; de hecho, durante su estancia en Chile, Bello realizó observaciones y cálculos matemáticos sobre el planeta Urano y el cometa Halley. Presenció el paso del cometa en 1835; mi bisabuela, en 1910; pero, al contrario de la conmoción científica de Bello, Rita Amadora contaba que en la playa de Río Caribe suponían que sucedería el fin del mundo. Los aportes al estudio del cosmos realizados por el culto Andrés Bello fueron reconocidos por la Unión Astronómica Internacional, que promovió la designación de un cráter del planeta Mercurio con el nombre de «Bello» en 1976. La mayoría de los cráteres de Mercurio llevan el nombre de famosos escritores, artistas y compositores. Pero en el caso de ese reconocimiento a Bello, resulta que el filólogo también contribuyó al entendimiento colectivo del orden y la armonía del universo. Por eso, quizás, mereció un cráter mayor que el mediano que le correspondió, de solo 137 km de diámetro; si me hubieran preguntado, habría sugerido toda una cuenca inmensa, muy superior a los gigantes asignados a Tolstói, Homero o Goethe.

El «cumanés» Andrés Bello no fue el único poeta de estas latitudes sensible y con pasión por la geografía. En 1847, el escritor Bartolomé Milá de la Roca hizo lo propio y publicó su Llave de cronología matemática e histórica, formada con arreglo a los mejores autores que han escrito sobre la materia y dedicada a la educación primaria y secundaria de Venezuela, una obra de grandes pretensiones pedagógicas donde apuntaba:

«Bien persuadido estoy de que para fijar las fases de la Luna con el rigor astronómico que ellas requieren, es indispensable el auxilio de la ciencia por necesitarse de largas y diferentes operaciones, como así mismo para determinar los eclipses; y de que basta saber las reglas fundamentales de la Aritmética para hacer el cómputo eclesiástico, el cálculo de las fechas en que se celebran las festividades movibles, y aquel en que con mucha aproximación suceden los novilunios, plenilunios, cuartos de creciente y menguante. Esto será muy ventajoso a la instrucción primaria, pues que los alumnos quedarán en aptitud de hacerlo; siendo innegable que el objeto de los más que en Venezuela compran almanaques es el de imponerse de dichos cómputos».

Es que Cumaná misma está indisolublemente asociada a la geografía mundial. Fue la ciudad que cobijó, durante una larga temporada, a la Expedición Secreta o de Límites, la cual vino en 1754 a delimitar las fronteras con el Brasil (una acción de suma importancia histórica para nuestra actual defensa del Esequibo). El lugar de alojamiento del comandante de esa expedición fue el detalle documental que permitió corroborar que la casa donde nació el Gran Mariscal de Ayacucho ya existía a mediados del siglo XVIII; también fueron esos instruidos visitantes quienes nos legaron un temprano mapa lleno de detalles e información científica. Asimismo, la eminencia de San Antonio fue el lugar predilecto para las observaciones astronómicas de numerosas expediciones científicas durante el Siglo de las Luces. Allí estuvo Joaquín Francisco Fidalgo cuando emprendió la cartografía de la costa y la batimetría de nuestros mares al mando de los bergantines Empresa y Alerta, en la llamada expedición del Atlas de la América Septentrional, comandada por el afamado científico, marino y militar español Cosme Damián Churruca —aquel que luego muriera con gloria en el navío San Juan Nepomuceno durante el combate de Trafalgar en 1805—. La fortaleza de San Antonio fue, por mucho tiempo, el meridiano de referencia para la cartografía de este lado del mundo.

Pero allí y acá también estuvo «El Sabio», como afectuosamente llamaron los cumaneses a Friedrich Karl Wilhelm Heinrich Alexander (Alexander von Humboldt) entre los siglos XVIII y XIX. Humboldt no escribió poesía, pero su prosa científica era tan descriptiva y sensorial que lograba el mismo efecto: transportar al lector al paisaje. Describió al continente con tal magnificencia que el propio Bolívar llegó a sentenciar: «Humboldt fue el verdadero descubridor de América».

Entonces, aún nos estamos «descubriendo», mucho y vertiginosamente, con la ayuda de las nuevas tecnologías. Por ello, quizás, nos suponemos más aventajados que quienes nos precedieron, como el Viejo Plinio del siglo I, quien fue un compilador monumental y también geógrafo, pero sobre todo un curioso científico que prefirió presenciar la erupción del Vesubio en primera fila y sucumbir, antes que ponerse en resguardo con su propia flota. O nos creemos más entendidos que el propio padre de la Geografía —término que él mismo acuñó—: Eratóstenes (c. 285-194 a. C.). Poseedor del saber científico griego del período helenístico, estuvo muy influenciado por el escepticismo académico que estudió en Atenas, lo que le llevaba a cuestionar el conocimiento aceptado y a probar las ideas por sí mismo en lugar de darlas por ciertas. Fue él mismo quien, utilizando un método simple y elegante, determinó en el siglo III a. C. una aproximación de la circunferencia terrestre con un margen de error increíblemente bajo, de menos del 1 %. Es de Eratóstenes de quien Plinio toma la medición de la circunferencia planetaria (252 000 estadios), y a partir de su legado, Claudio Ptolomeo, en el siglo II d. C., formaliza el sistema de coordenadas geográficas que actualmente utilizamos.

No es, entonces, casual que el conocimiento del entorno —del mundo— sea la base para la erudición, lo que hace de todos ellos auténticos polímatas: término, también en desuso, para aquellas personas que poseen conocimientos profundos y vastos en diversas disciplinas (como Eratóstenes, Humboldt o Andrés Bello).

Retornando a Bello —quien en algún momento visitó Cumaná y convivió entre nosotros junto a sus progenitores, sembrados luego en lo profundo de esta tierra, ignorando hoy los cumaneses dónde reposan tan honorables despojos—, sabemos que Bartolomé Bello, padre de Andrés, vivió en Cumaná, donde ejerció la Fiscalía de Hacienda y Renta del Tabaco desde 1789 hasta su muerte en 1804. Un amigo de Andrés que fue presidente del Concejo Municipal, el letrado caraqueño y teniente coronel de artillería José Agustín de Loinaz, con quien mantenía afectuosa correspondencia epistolar, le recordaba en una de sus cartas «los días felices que compartieron a orillas del pintoresco Manzanares». Fue el coronel Loinaz quien tuvo el honor de recibir, de parte del Gran Mariscal de Ayacucho, la guirnalda y la pluma de oro con que la ciudad de Cochabamba le homenajeó, y que este, añorando a su ciudad natal, envió de regalo desde el Sur. Suerte la de Cumaná, que un patriota ilustrado recibiera, en nombre de todos, la ofrenda de su hijo mal querido, a quien su ciudad aún no ha sabido corresponder, y cuyos valiosos regalos han sido ultrajados en repetidas oportunidades (hoy los que se exhiben ya no son los originales).

En su poema Alocución a la Poesía, Andrés Bello menciona un amor juvenil con María Josefa Sucre, hermana del futuro Gran Mariscal de Ayacucho. En dicha obra se lee:

«Despierte (¡oh Musa, tiempo es ya!) despierte
algún sublime ingenio, que levante
el vuelo a tan espléndido sujeto,
y que de Popayán los hechos cante
y de la no inferior Barquisimeto,
y del pueblo también [Cumaná, nota de Bello] cuyos hogares
a sus orillas mira el Manzanares;
no el de ondas pobre y de verdura exhausto,
que de la regia corte sufre el fausto,
y de su servidumbre está orgulloso,
mas que el de aguas bellas abundoso,
como su gente lo es de bellas almas,
del cielo en su cristal sereno pinta
el puro azul, corriendo entre las palmas
de esta y aquella deliciosa quinta».

En algún momento leí a Ramos Sucre, y él recomendaba leer al escritor e historiador Rafael María Baralt; leerlo para aprender a escribir y a leer en buena prosa. Fue Baralt el primer hispanoamericano elegido para integrar la Real Academia Española, en 1853. Muy respetada he tenido la sugerencia del inmenso Ramos Sucre respecto a Baralt; es por ello por lo que temprano me preocupé de que un original de su obra histórica reposara en mi biblioteca: el Resumen de la Historia de Venezuela, que abarca desde el descubrimiento hasta 1837 y constituye una monumental compilación histórica y geográfica de Venezuela.

Este esfuerzo se completaba con el Resumen de la Geografía de Venezuela, parte de un mismo proyecto intelectual: darle a la nueva República una conciencia de sí misma a través de la historia y el territorio. José Antonio Páez buscaba consolidar la identidad nacional y para ello encargó a Agustín Codazzi la elaboración de un atlas y una geografía científica del país. Paralelamente, se promovió la redacción de una historia nacional que explicara el origen de la República. Eran dos caras de la misma moneda: Codazzi respondería a la pregunta «¿qué país somos?», mientras que Baralt respondería «¿cómo llegamos a ser este país?».

Así figura en las ediciones originales de mi biblioteca. Baralt y Ramón Díaz elaboraron el Resumen de la Historia de Venezuela mientras colaboraban en la publicación del atlas y de la geografía de Codazzi. Es decir: Codazzi aportó la mirada territorial y estadística; Baralt, la narrativa histórica y la prosa robusta; todo ello a la manera de Eratóstenes, de cuya erudición han bebido todos abundantemente, desde el mismo Humboldt —quien lo idolatra en sus escritos— hasta el propio Bartolomé Milá de la Roca.

El Resumen de la Historia de Venezuela fue escrito a dos manos por Rafael María Baralt y Ramón Díaz Martínez. Baralt comenzó a recopilar materiales hacia 1837; Codazzi, desde mucho antes; pero tanto el Resumen de la Historia de Venezuela como el Resumen de la Geografía de Venezuela aparecieron impresos en París en 1841, no sin antes ser presentados al Sabio para su visto bueno y revisión. El sabio alemán alabó las obras y se enamoró del atlas cartográfico (del cual, lamentablemente, aún no me ha sido posible adquirir... un original).

Como una alerta temprana para nuestro tiempo nacional, Baralt y Díaz expresan su temor a la amenaza jacobina. En 1841, asocian explícitamente a la Sociedad Patriótica (fundada en 1810 por Bolívar y Miranda, entre otros) con los jacobinos franceses. Esta comparación no es inocente. Al calificarlos como «activos y bulliciosos oyentes» que «lisonjeaban las inclinaciones populares», están instalando una narrativa de temor al desbordamiento popular y al radicalismo. Es decir, ya desde la primera gran historia de Venezuela se está sembrando una interpretación: la independencia no fue solo una gesta heroica, sino también una amenaza de caos jacobino que el Congreso (más moderado) apenas pudo contener, y que hoy pulula en nuestra escena y realidad política; claro que nuestros héroes, a diferencia de algunos contemporáneos, jamás esgrimieron la excusa de la inmolación: en eso nos superan a todos.

«Esta Junta, bien así como en Francia la de los jacobinos y otras tales, había conseguido atraerse a una gran clientela de activos y bulliciosos oyentes, lisonjeando las inclinaciones populares y defendiendo audazmente los principios de igualdad tan caros al pueblo (...). El Congreso, por su parte, intimidado con la popularidad de la junta patriótica, y viendo el decidido apoyo que le prestaban muchos de sus miembros, toleraba el porte desmedido de aquel cuerpo y aun se dejaba influir por él en los negocios».

Un «miedo fundacional» que pretendió —y aún pretende— justificar la necesidad de los «guardianes de la revolución», con cargos vitalicios e intransferibles; una construcción historiográfica que se fue repitiendo y asentando desde 1841 hasta el presente. Hasta que hoy los vemos desfilar y retirarse, ante las realidades pragmáticas de sus vidas cotidianas, por el albañal de la historia. No somos un libro con las páginas aún sin abrir: nuestra valentía ya fue probada en los campos de batalla americanos. Por eso desconcierta la retórica oficial que, frente al abuso de la potencia del norte, alega «no quererse inmolar», renunciando así a defender la soberanía; y desconcierta más todavía que, al tiempo que se esquiva el sacrificio, se extienda a los enemigos de la revolución un indulto general. Curiosa simetría: inmolación simulada e indulto real no son aquí términos antónimos, sino símiles que marchan en un mismo y claudicante sentido, el de la renuncia a la soberanía. La historia, que ya juzgó a los jacobinos imaginarios de Baralt, sabrá pasarles factura también a estos guardianes de ocasión.

En resumen, la geografía está íntimamente asociada al conocimiento y debe ser uno de los pilares fundamentales para la formación de los niños y de las nuevas juventudes. El exvicepresidente de la AGHES, el profesor Gilberto López, citaba las palabras del rector de la Universidad de Chile —institución de la que Bello fuese también rector por largos años—, don Ignacio Domeyko, quien durante la inhumación de los restos de Bello expresó:

«No es dado enumerar fríamente los inmensos méritos y servicios de Don Andrés Bello, que, si pudiéramos recordarlos todos, dudaría la razón que en una sola vida, un solo hombre, pudiera saber tanto, hacer tanto y amar tanto».

Lo mismo se dijo y se dirá, con toda seguridad, de Eratóstenes, Plinio, Humboldt, Codazzi y tantos otros. Sirva este recordatorio para tener presentes las enseñanzas de los amigos ya fallecidos Gilberto López y Luis Germán Pérez, a quienes seguro pertenecen más estas palabras que a mí; y también a mi bisabuelo, que algo me heredó... sin pretenderlo, pero que a su manera continuó el trabajo de Baralt y Codazzi con su Historia Contemporánea de Venezuela, de la cual dijo Rómulo Betancourt —para mí, uno de los grandes drenadores de la savia de la república— que era imprescindible leerla para intentar ser presidente de Venezuela; en su caso, para entender y negociar el país, como lo han pretendido, cada quien a su manera, sus sucesores y demás vendepatrias.

Sin la valentía de un Plinio, la genialidad de un Humboldt, el ojo observador de Codazzi, la pluma de Baralt y la sensibilidad instruida de Bello —sin el entendimiento de nuestra geohistoria—, no construiremos nuestro entorno patrimonial geográfico e histórico. Y debo concluir diciendo que «la política» —la pequeña, la de oficio, no aquella que encargó atlas e historias para fundar una nación— poco aporta; al contrario: frena y destruye.

❧

Rommel Contreras · Academia de GeoHistoria del Estado Sucre · 3 de octubre de 2026
Bicentenario de la Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826-2026) · 185.º aniversario del natalicio de Francisco González Guinán (1841-2026)

miércoles, 9 de septiembre de 2026

El agua fluye por el túnel Guamacán

Crisis hídrica · Cumaná · Sistema Turimiquire

El agua fluye por el túnel Guamacán nuevamente

Luego de siete meses, bajo un régimen de servicio, volveremos a tener agua.

MACIZO DEL TURIMIQUIRE · túnel de ~12,9 km El agua vuelve a fluir RÉGIMEN TEMPORAL · SEPTIEMBRE 2026 · ESQUEMA NO A ESCALA Embalse Santiago Mariño (portal Sur) ≈5,5 km · sostenido (desde el portal Sur) ≈5,5 km · sostenido (desde Periquito) caverna subsanada ✓ · cota 5.500 m sector antes desconocido · ~1.900 m derrumbe 30 m · "agua al cuello" 400 m · ~1.500 m limpiados Periquito tobogán (aliviadero) 380 m → Cumaná ¡agua fluyendo! tramos limpiados y reforzados (malla + concreto proyectado) ← cota ~12.900 m (portal Sur) cota 0 m (Periquito) → Esquema no a escala · cotas = progresivas desde la boca de Periquito (0 m) · elab. R. J. Contreras (AGHES)
El agua vuelve a correr. Las progresivas (cotas) se miden desde Periquito (cota 0). La gran caverna, ya subsanada, está en la cota 5.500 m (5,5 km desde Periquito). Pasada la caverna, el sector antes desconocido de ~1.900 m —el derrumbe de 30 m, el tramo con "agua al cuello" de 400 m y los ~1.500 m que faltaban— fue limpiado y contenido. A cada lado, ~5,5 km ya sostenidos con costillas, malla y concreto proyectado (colocados solo donde hizo falta). Esquema no a escala.

Hay días en que una noticia técnica se vuelve, sencillamente, un alivio. El Túnel Guamacán volvió a llevar agua desde el embalse del Turimiquire, en un régimen temporal pero a un nivel operativo suficiente. Tras siete meses de sed, el Turimiquire vuelve a correr hacia el oriente.

Este es el resumen de lo que expongo abajo. La gran caverna —la operación más compleja de toda la obra— quedó subsanada: está en la cota 5.500 metros, es decir, a 5,5 km de la boca de Periquito (desde donde se miden las progresivas). Pasada la caverna, hacia el portal de entrada Sur, quedaba el sector antes desconocido: primero un derrumbe de unos 30 metros, luego un tramo con el agua al cuello de unos 400 metros, y después los ~1.500 metros que nadie había visto —en conjunto, cerca de 1.900 m—. Ese tramo resultó con algunos derrumbes que se limpiaron y contuvieron con malla y concreto proyectado. A cada lado del túnel, unos 5,5 km ya están sostenidos. Con eso, el agua fluye. Pero fluye con matices: puede arrastrar sedimentos y escombros, por lo que urge asegurar la separación de sólidos gruesos dentro y fuera del túnel. Explico el papel del tobogán de Periquito y, quizás, un sifón/desarenador entre la medianía y el portal de salida. Y advierto lo que viene: un régimen alterno de agua y obra por más de un año, el tiempo de llenado de la tubería a Margarita (con un cálculo estimado) y a quiénes alcanza esta agua: Margarita, Cumaná, Marigüitar y Araya.

Siete meses después del colapso, el Turimiquire vuelve a correr hacia Cumaná, Margarita, Marigüitar y Araya. No es el final de la obra, pero es un respiro largamente esperado.

Buena noticia

Agua suficiente, aunque en régimen temporal

Por primera vez desde febrero, el agua del Turimiquire vuelve a circular por el túnel a un nivel operativo. No es todavía la operación definitiva —eso llegará cuando culmine el reforzamiento estructural—, pero es agua real llegando a las tuberías. Para miles de familias del oriente, la diferencia entre esta semana y la anterior es enorme.

El agua saliendo del Guamacán. Registro del caudal a la salida, en el portal de Periquito (9 de septiembre de 2026). Video: material difundido en redes. · ▶ Ver en YouTube

El parte, en breve

✓ fluye
Agua circulando en régimen temporal, a nivel operativo
5.500 m
Cota de la caverna (5,5 km desde Periquito)
malla + lanzado
Técnica de limpieza y refuerzo de cada derrumbe
> 1 año
Lo que aún tomará el reforzamiento estructural

1.Cómo se llegó hasta aquí


El camino de estas últimas semanas fue paciente y de alto riesgo. La gran caverna —la operación más compleja de toda la obra, que ya relaté— quedó subsanada: está en la cota 5.500 m, a 5,5 km de la boca de Periquito. Superada ella, el trabajo siguió hacia el portal de entrada Sur, tramo por tramo: limpiar y reforzar.

Pasada la caverna, los equipos se adentraron: primero, un derrumbe de unos 30 metros de desarrollo horizontal; luego, un espacio con el agua al cuello de unos 400 metros; y después el sector que nadie había visto, de ~1.500 metros. En conjunto, ese tramo intermedio suma cerca de 1.900 metros. Allí aparecieron algunos derrumbes que hubo que despejar y contener con malla de acero y concreto proyectado (lanzado), confinando la roca para que no vuelva a ceder. Cada uno de esos metros se ganó a pulso.

Vale precisar la técnica, porque fue la misma en cada tramo donde hubo derrumbe: se sostiene con costillas —ángulos de acero— (steel ribs), malla (wire mesh) y concreto proyectado (shotcrete). Es decir: además de paciencia y de la "salivita" que decimos en el oriente, se echó mano de materiales diversos —desde el anime (poliestireno expandido, EPS) con que se rellenó la caverna, pasando por el concreto, hasta el acero de las costillas y la malla—.

Cada derrumbe limpiado no solo abre paso al agua: deja la roca confinada para que el paso siga abierto. Limpiar sin reforzar sería abrir hoy para tapar mañana.
Reconocimiento

A quienes lo hicieron posible

Nada de esto ocurre solo. Va aquí un reconocimiento sincero a las más de 100 personas que, en dos turnos, no pararon desde el inicio de la crisis: los obreros que entraron a pelear contra la roca, y también los ingenieros, los funcionarios, el personal de seguridad y los voluntarios que hicieron posible cada metro. Trabajaron día y noche para alcanzar este nivel de servicio, y siguen listos para el finiquito de las reparaciones —un año o más de labores por delante—. El agua que hoy vuelve a correr lleva su esfuerzo.

2.Por dónde viaja esta agua


Conviene recordar el mapa, porque esta agua no es solo de Cumaná. El Sistema Turimiquire nace en el embalse Santiago Mariño, cruza la serranía por el túnel Guamacán y sale por Periquito hacia la planta y las redes de Cumaná. Desde allí, la tubería que surte a la Isla de Margarita va por el sur de Cumaná hasta Punta Baja (cerca de El Peñón), cruza el golfo hacia la medianía de la península de Araya, pasa por la isla de Coche y llega a Margarita. Por el camino se benefician también Marigüitar y la propia península de Araya —cuyo poblado de Araya está en su extremo occidental, con Cumaná justo al frente en tierra firme—.

Conviene aclarar algo que suele confundirse: Margarita se surte por dos tuberías independientes. Una es esta, la del Turimiquire (Periquito–Cumaná–Punta Baja–Araya–Coche–Margarita); la otra viene del embalse Clavellinos por la península de Araya. Son fuentes distintas, y la que hoy vuelve a dar agua es la del Turimiquire.

MAR CARIBE El agua del Turimiquire, otra vez en camino → Turimiquire → Cumaná → Punta Baja → Araya → Coche → Margarita Clavellinos → península de Araya → Margarita ISLA DE MARGARITA "la gran sedienta" Coche PENÍNSULA DE ARAYA Península de Paria → Araya (extremo O) Cariaco (unión a tierra firme) Golfo de Cariaco CUMANÁ Punta Baja (El Peñón) Marigüitar Periquito (tobogán) Embalse Santiago Mariño Turimiquire túnel Guamacán Embalse Clavellinos tramo submarino
Adónde va esta agua (mapa esquemático). Dos tuberías independientes surten a Margarita. La del Turimiquire (azul), que hoy vuelve a fluir, va desde Periquito por el sur de Cumaná hasta Punta Baja (cerca de El Peñón), cruza a la medianía de la península de Araya, pasa por Coche y llega a Margarita. La de Clavellinos (ocre) va por la península de Araya. Araya está en el extremo occidental de la península, con Cumaná al frente en tierra firme. La de Araya se une a tierra firme cerca de Cariaco y se continúa, hacia el este, en la de Paria (cada una con su golfo: Cariaco y Paria). Esquema no a escala ni georreferenciado.

3.El agua no viene sola: sedimentos y sólidos


Que el agua fluya no significa que fluya limpia. Después de siete meses de derrumbes, la corriente puede arrastrar sedimentos y escombros —finos en suspensión y, lo más delicado, sólidos gruesos—. Espero que se haya previsto un sistema de separación de sólidos gruesos, tanto dentro del túnel como fuera, antes de que ese material entre en las redes o en la planta.

Aquí hay una buena noticia estructural: el tobogán de Periquito —el aliviadero, de unos 380 metros de longitud—, a la salida, cumple dos funciones a la vez: disipa la energía del agua que sale con fuerza y, de paso, discrimina sólidos. Pero eso es al final del recorrido. En el interior —entre la medianía y el portal de salida— convendría algo equivalente.

Energía y sólidos: quitarle "fuerza y piedras" al agua A LA SALIDA (EXISTE) Y EN LA MEDIANÍA (PROPUESTA) 1 · Tobogán de Periquito · 380 m (salida) ✓ salida del túnel sólidos gruesos quedan atrás disipa energía + discrimina sólidos 2 · Sifón / desarenador · propuesta entre la medianía y el portal de salida el sedimento decanta en la trampa y se purga periódicamente atrapa sólidos antes de que sigan viaje Esquema conceptual · la propuesta del sifón/desarenador interior es una idea a evaluar por la ingeniería · elab. R. J. Contreras (AGHES)
Quitarle fuerza y piedras al agua. El tobogán de Periquito ya disipa energía y separa sólidos a la salida. Para el interior, quizás, un sifón/desarenador entre la medianía y la salida: una trampa donde el sedimento decante y se purgue, antes de que siga hacia la ciudad.

4.Lo que viene: agua y obra, a la vez


Seamos claros para no crear falsas expectativas: el agua puede circular ya, pero los trabajos de reforzamiento estructural del túnel continuarán por más de un año. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo, y por eso lo más probable es que se organice un régimen alterno: períodos de paso de agua y períodos de obra, turnándose.

Imagino un esquema bisemanal o trisemanal —unos días de agua, unos días de trabajo—, de modo que puedan beneficiarse todas las comunidades que antes se nutrían del Turimiquire, sin detener el reforzamiento que le dará garantía operativa al túnel. No es lo ideal, pero es lo sensato mientras la galería no esté enteramente sostenida.

Un régimen alterno (estimado) AGUA Y OBRA SE TURNAN · HORIZONTE > 1 AÑO AGUA OBRA AGUA OBRA AGUA OBRA AGUA OBRA hoy obra definitiva · > 1 año ciclos de días de agua / días de obra — ritmo bisemanal o trisemanal (a definir por la operación) Esquema conceptual · el ritmo real lo fijará la operación · elab. R. J. Contreras (AGHES)
Agua y obra, turnándose. Lo más probable es un régimen alterno —días de paso de agua, días de reforzamiento— con ciclos bisemanales o trisemanales, hasta que culmine la obra definitiva dentro de más de un año. El ritmo exacto lo fijará la operación.

5.Margarita espera el llenado de su tubería


La Isla de Margarita —la gran sedienta— no recibirá el agua en el mismo instante en que sale de Periquito. Antes debe llenarse la larga tubería que la surte, incluido su tramo submarino. Eso toma tiempo: del orden de un par de días, quizás más. Hagamos el cálculo, como acostumbro, a modo de supuesto.

Anexo · estimación

¿Cuánto tarda en llenarse la tubería a Margarita?

El tiempo de llenado es, sencillamente, el volumen de la tubería dividido entre el caudal que la alimenta. El volumen es el de un cilindro: sección por longitud.

t = V / Q  ·  V = (π/4) · D² · L

EscenarioDiámetro DLongitud LVolumen Vt (a Q ≈ 1 m³/s)
Bajo1,0 m120 km~94.000 m³~1,1 días
Medio1,2 m150 km~170.000 m³~2,0 días
Alto1,5 m180 km~318.000 m³~3,7 días

Es decir: del orden de 2 días, con un rango razonable de ~1 a ~4 días según el diámetro, la longitud real y el caudal que se le asigne a Margarita (si se prioriza menos caudal, el llenado tarda proporcionalmente más). Como referencia, la troncal del Turimiquire es de Ø72″ (~1,83 m) de acero a unos 4.700–4.800 l/s; la aducción específica hacia Margarita (Nueva Esparta) es de menor diámetro, por lo que los escenarios de arriba son razonables.

Salvedad importante. Es un supuesto: no conozco el diámetro ni la longitud exactos de la aducción a Margarita. Y hay un factor que pesa más que la aritmética: la tubería ha estado vacía más de seis meses en un entorno agresivo (corrosión, sedimentos, posibles bolsas de aire y juntas resentidas). El llenado deberá hacerse con purga y a presión controlada, y podría revelar sorpresas. Ojalá no las haya.

6.A quiénes alcanza este alivio


Las noticias son benévolas para muchas familias del oriente de Venezuela. En primer lugar Margarita, que arrastra la sed más aguda; y también Cumaná, Marigüitar y Araya, que venían nutriéndose de esa fuente del Turimiquire. Para todas ellas, este caudal —aun temporal— calma la sed y la agonía por el vital líquido.

7.La red que sostuvo la ciudad


Que Cumaná haya alcanzado una "cuasi normalidad" en estos meses no fue casualidad ni improvisación: se apoyó en una red de distribución compleja y en fuentes alternas que aguantaron el golpe. Vale la pena mirarlas, porque explican por qué las maniobras funcionaron.

Mapa de la red regional de agua de Cumaná y municipios vecinos: tomas, estaciones de bombeo, estanques y plantas potabilizadoras
La red que hizo posible las maniobras. El entramado regional de tomas, estaciones de bombeo, estanques y plantas potabilizadoras del que dependen Cumaná y los municipios vecinos. Su complejidad es, a la vez, su fortaleza (permite maniobrar el reparto) y su fragilidad (muchos puntos que atender). Fuente: cartografía del sistema (material público).

Y mientras el túnel estuvo seco, la ciudad se sostuvo con las fuentes alternas: los sistemas Cancamure y Manzanares, que alimentan la planta Juan José Codallos y la red de Cumaná. Son el respaldo que —ahora— el agua del Turimiquire vuelve a complementar, no a sustituir.

Esquema de los sistemas Cancamure y Turimiquire que alimentan la red de agua potable de Cumaná, con diámetros y caudales
Las fuentes alternas. Esquema de los sistemas Cancamure (río Cancamure → PP J. J. Codallos → red) y Turimiquire (embalse → PP Turimiquire → troncal Ø72″ → red y "hacia Nueva Esparta"). Estos aportes sostuvieron a Cumaná durante la crisis. Fuente: esquema del sistema (material público).

8.Conclusión: un aliento, no el final


Reconozcamos lo bueno sin regatear: el agua volvió. Se venció la última obstrucción, se limpiaron y reforzaron los derrumbes, y el Turimiquire corre otra vez hacia el oriente. Es un logro técnico real, hecho —como toda esta obra— con la tecnología nacional disponible y mucho sentido común.

Pero seamos igual de honestos con lo que falta: esto es un régimen temporal. Quedan más de un año de reforzamiento, el reto de separar los sólidos que el agua arrastra, el llenado —delicado— de la tubería a Margarita, y la prudencia de no cantar victoria antes de tiempo. La odisea no termina; pero, después de siete meses, este es un aliento —merecido— mientras se culminan los trabajos que le darán garantía operativa al túnel por mucho tiempo más.

Conclusión técnica

Restablecer el flujo no equivale a rehabilitar

La reapertura del paso de agua parece técnicamente coherente como respuesta de emergencia; sin embargo, todavía no existen elementos públicos suficientes para concluir que el túnel haya recuperado una estabilidad estructural de largo plazo. Que el agua vuelva a correr no equivale a una rehabilitación definitiva: Guamacán debe interpretarse como un problema de infraestructura crítica acumulada, donde el restablecimiento del servicio —hoy en régimen temporal— convive con más de un año de reforzamiento pendiente. El flujo es la buena noticia; la garantía estructural, la tarea que sigue.

▶ Míralo: así se veía el infierno adentro
El interior del túnel en plena crisis: escombros de los derrumbes por todas partes, cuando la situación era crítica y se reportaban obreros afectados. Verlo hoy, con el agua fluyendo, mide la distancia recorrida —y lo que aún falta—. Video: material difundido en redes (extraoficial). · ▶ Ver en YouTube
Nota sobre fuentes. El estado del túnel, las obstrucciones superadas, los derrumbes limpiados/reforzados y el paso de agua se infieren de material difundido en redes y de lo verificado sobre la marcha; se tratan como supuesto, no como reporte técnico oficial y completo. Las cifras del sistema (túnel de ~12,9 km, embalse Santiago Mariño, comunidades servidas) provienen de entradas anteriores de esta serie y de fuentes públicas. El cálculo del llenado de la tubería a Margarita es una estimación con supuestos declarados. El sifón/desarenador interior es una propuesta a evaluar por la ingeniería.

Rommel J. Contreras G. · Físico · AGHES · Tecnología Cumanesa — Cumaná, Venezuela.

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