Serie en 3 partes · Parte 1 — El escenario tectónico
La falla de El Pilar: transpresión en el oriente de Venezuela
¿Por qué el oriente de Venezuela tiembla como tiembla? Definimos la zona y el mecanismo: un borde de placas donde el desgarre lateral se combina con compresión. Con un modelo 3D interactivo.
Cumaná y Cariaco no están sobre una falla cualquiera: están sobre el punto donde dos placas tectónicas no solo se rozan, sino que además se aprietan. Ese matiz —la transpresión— explica por qué aquí el suelo se rompe, se levanta y se hunde a la vez.
Un borde que se desliza y se comprime
El norte de Venezuela es el límite entre la placa del Caribe y la placa Suramericana. El Caribe se mueve hacia el este respecto a Suramérica a razón de 1 a 2 cm por año, y ese movimiento se concentra en un sistema de fallas transcurrentes dextrales que atraviesa el país: Boconó en los Andes, San Sebastián en la cordillera central y, en el oriente, la falla de El Pilar, que corre de oeste a este desde el golfo de Cariaco hasta la península de Paria y sigue hacia Trinidad.
Si el desplazamiento fuera puramente lateral, tendríamos una falla «limpia»: dos bloques resbalando uno junto al otro sin más. Pero el vector de movimiento no es perfectamente paralelo a la traza de la falla. Tiene una componente que empuja los bloques uno contra otro. A esa combinación —desgarre lateral más compresión— se le llama transpresión, y es la clave para entender el relieve del oriente venezolano.
Lo que produce la transpresión
- Levantamiento: la componente compresiva alza la Serranía del Interior contra un contrafuerte cortical rígido.
- Cuencas de tracción: donde la falla se quiebra en segmentos escalonados, se abren depresiones. El propio golfo de Cariaco es una de ellas: una cuenca hundida entre dos tramos de la falla.
- Sedimentos blandos: esas depresiones se rellenan de material poco consolidado que amplifica las ondas sísmicas —el motivo por el que el daño no se reparte de forma pareja.
El modelo geodinámico de base
La representación tridimensional que sigue no es una figura libre: reproduce un modelo publicado. El marco conceptual proviene de Passalacqua et al. (1995), y conviene enunciarlo con precisión porque de él dependen tanto la geometría del bloque como el sentido de las flechas.
Ese modelo presenta la falla de El Pilar como una estructura superficial que se bifurca en profundidad en una cuña intracortical. En superficie, la falla cumple una función muy concreta: transfiere el movimiento lateral necesario para balancear la subducción hacia el norte, dentro de un régimen de convergencia oblicua. Es decir, El Pilar no es un accidente aislado sino la pieza que resuelve, en la corteza somera, un desajuste cinemático que se origina más abajo.
Cómo El Pilar «balancea» la subducción
Esa frase encierra un mecanismo elegante. La placa del Caribe no choca de frente contra Suramérica ni resbala en paralelo perfecto: se mueve en diagonal respecto al borde de placas —un poco «contra» y un poco «a lo largo» a la vez—. Eso es la convergencia oblicua. Y todo movimiento diagonal se puede descomponer en dos:
El movimiento oblicuo del Caribe (blanco) se descompone en una componente paralela al borde —que produce el desgarre dextral de El Pilar (rojo)— y una perpendicular —que produce la convergencia que alimenta la subducción (azul)—.
A ese reparto se le llama partición de la deformación: un solo empuje oblicuo se resuelve con dos estructuras distintas. La subducción, en profundidad y hacia el norte, se encarga de la componente perpendicular; pero deja sin acomodar la componente lateral. Es ese «sobrante» lateral el que toma la falla de El Pilar en la corteza somera. Por eso balancea: las dos piezas juntas —subducción más desgarre— deben sumar exactamente el movimiento real de la placa. El Pilar es la que cuadra las cuentas cinemáticas que la subducción, por sí sola, deja abiertas — el «desajuste que se origina más abajo».
Un patrón universal: el caso de Sumatra
Este reparto no es exclusivo del oriente venezolano. El ejemplo de manual es Sumatra: la placa índica subduce oblicuamente y la deformación se parte entre la fosa —que toma la convergencia— y la Gran Falla de Sumatra, un desgarre paralelo al arco —que toma el deslizamiento lateral—. El Pilar es a Suramérica lo que la Gran Falla de Sumatra es a Sumatra. Por eso «no es un accidente aislado»: es la consecuencia obligada de que el movimiento sea oblicuo.
Esa configuración no es una rareza local. Como señalan Russo et al. (1993), la convergencia oblicua es un fenómeno común a lo largo de la frontera entre placas tectónicas, y normalmente resulta de la yuxtaposición a nivel superficial de una falla de transformación mayor. Lo que ocurre en el oriente venezolano es, en ese sentido, un caso particular de un patrón general de los márgenes de placa.
La incógnita que el modelo deja abierta
Passalacqua y sus coautores son explícitos en un punto: su modelo no establece la profundidad a la que la falla de El Pilar diverge sobre el tope del basamento. Reconocen que hace falta determinarla y recomiendan la realización de futuros perfiles sísmicos profundos para hacerlo. Mientras tanto, la estiman en no más de 12 kilómetros, apoyándose en la distribución de la sismicidad superficial.
Esa recomendación define exactamente el hueco que un estudio de refracción profunda puede llenar — y es el terreno en el que se sitúa el trabajo que se resume más adelante.
Tres cifras que apuntan al mismo nivel
Vale la pena poner juntos tres números obtenidos por vías independientes, porque convergen de manera llamativa en la misma franja de la corteza:
Una estimación estructural, un dato sismológico y una medición geofísica señalan, dentro de sus márgenes, el mismo nivel cortical. No es prueba de que se trate de un único rasgo —cada método mide cosas distintas y la coincidencia podría ser fortuita—, pero es el tipo de convergencia que justifica formular la hipótesis: que en torno a los 11–13 km exista un nivel de desacople donde la falla pierde su carácter único, la corteza pierde rigidez y las rupturas tienden a iniciarse.
El modelo, en tres dimensiones
El diagrama siguiente es un modelo interactivo del límite de placas. Gíralo arrastrando, controla el desgarre y la deformación elástica, apaga cualquiera de los dos bloques para ver el perfil en la junta de falla, y despliega la cuña intracortical del modelo de Passalacqua.
Modelo tectónico interactivo
La falla de El Pilar: transpresión en el oriente de Venezuela
Diagrama de bloque tridimensional del límite entre la placa del Caribe y la litósfera suramericana. Arrastre sobre la figura para girar el bloque y use los mandos para gobernar el desgarre dextral, la deformación acumulada, la convergencia oblicua y la traslación del bloque caribe.
Modelo de bloque interactivo del límite Caribe–Suramérica en el oriente de Venezuela. Escalas vertical y de deformación exageradas con fines didácticos.
Referencias y fuentes
- Contreras, R. — La estructura cortical de la cuenca del golfo de Cariaco mediante el análisis sísmico de refracción de las réplicas del sismo de Cariaco, 1997. Tesis de grado. (Base de datos y concepto de este artículo.)
- Contreras, R.; Schmitz, M.; Alvarado, L.; Lüth, S. — La estructura de la corteza en la región del terremoto de Cariaco de 1997, oriente de Venezuela, basada en sísmica de refracción y data gravimétrica. (Moho a 35,4 km; zona de baja velocidad a 13 km, ~650 m de espesor.)
- Passalacqua, H. et al. (1995) — Modelo geodinámico del oriente de Venezuela: la falla de El Pilar como estructura superficial que se bifurca en profundidad en una cuña intracortical, con transferencia del movimiento lateral en régimen de convergencia oblicua.
- Russo, R. et al. (1993) — Convergencia oblicua a lo largo de fronteras de placas y yuxtaposición superficial de fallas de transformación mayores.
- Mocquet, A. (2007) — Analysis and interpretation of the October 21, 1766 earthquake in the Southeastern Caribbean. Journal of Seismology, 11, 381–403. (Fuente de 1766 a profundidad de 85 ± 20 km; magnitud recalibrada 6,5 < Ms < 7,5; no atribuible a El Pilar.)
- Audemard, F.A. et al. (2025) — Sismicidad de profundidad intermedia de la losa de subducción de las Antillas menores, próxima a la península de Paria, Venezuela. Boletín de Geología, 47(1), 105–127. (Desgarre litosférico y STEP; 1766 y el sismo de 2018, Mw 7,3, como eventos profundos de la losa; la COVENIN 1756-1:2019 subestimaría la amenaza en el sur del país.)
- Schmitz, M. et al. — The velocity structure of the Cariaco sedimentary basin, northeastern Venezuela, from refraction seismic data and possible relationship to earthquake hazard. Journal of South American Earth Sciences.
- FUNVISIS — Estudios sobre el terremoto de Cariaco del 9 de julio de 1997 y sobre el sistema de fallas cuaternarias de Venezuela.
- Red Sismológica de Cariaco (RESICA, 1997); red sismológica de FUNVISIS (Venezuela) y Seismic Research Unit (SRU), Trinidad.
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