Serie en 3 partes · Parte 2 — El estudio de refracción
El sismo de Cariaco de 1997 y la estructura de la corteza
El terremoto de 1997 dejó algo más que destrucción: una secuencia de réplicas con la que se radiografió la corteza del golfo de Cariaco. Método, dromocrona y el hallazgo del Moho a 35,4 km.
La falla de El Pilar concentra el desplazamiento entre el Caribe y Suramérica. Cuando libera de golpe su energía acumulada, como el 9 de julio de 1997, deja una secuencia de réplicas — y esas réplicas son el instrumento con el que se puede ver la corteza por dentro.
El terremoto de Cariaco de 1997: un experimento natural
El 9 de julio de 1997, a las 3:24 de la tarde, un sismo de magnitud Mw 6,9 rompió un segmento superficial de la falla de El Pilar. La nucleación ocurrió a unos 11 ± 1,5 km de profundidad y la ruptura co-sísmica se propagó a lo largo de unos 50 km de traza. En Cariaco colapsó el liceo Raimundo Martínez Centeno; en Cumaná, el edificio Miramar. El saldo fue de decenas de fallecidos y miles de damnificados.
Para la geofísica, un terremoto de esa talla deja algo más que destrucción: deja una secuencia de réplicas. Cada réplica es una fuente sísmica gratuita, ubicada justamente dentro de la estructura que se quiere estudiar. Si se despliega una red de estaciones a tiempo, esas réplicas permiten «radiografiar» la corteza desde adentro.
Radiografiar la corteza: la sísmica de refracción
Ese fue el planteamiento de mi tesis de grado: usar las réplicas del sismo de Cariaco, junto con perfiles de refracción y control gravimétrico, para reconstruir la estructura cortical de la cuenca del golfo de Cariaco.
Cómo funciona el método
Una onda sísmica que atraviesa la corteza no viaja en línea recta. Cada vez que cruza el límite entre dos materiales de distinta velocidad, se refracta según la ley de Snell. Si la onda llega a una interfaz con un ángulo mayor al crítico, se refracta a lo largo de ella y regresa a la superficie como onda de cabeza. Midiendo el tiempo que tarda en llegar a estaciones situadas a distintas distancias, se puede invertir el problema: de los tiempos de llegada se deduce a qué profundidad están las capas y a qué velocidad viaja la onda en cada una. Ese es el fundamento de la sísmica de refracción.
Diseño experimental: la sismicidad como fuente
El estudio cubrió el sector más afectado por el sismo, entre San Antonio del Golfo, Guacarapo, Cariaco y Casanay. La particularidad del método está en la fuente: en lugar de generar las ondas artificialmente, se emplearon las propias réplicas del terremoto como fuentes sísmicas.
- Fuente natural: la secuencia de réplicas del sismo del 9 de julio de 1997. Cada réplica es una fuente ubicada dentro de la estructura a estudiar, a la profundidad de interés — algo que ninguna fuente en superficie puede lograr.
- Red de registro: 43 estaciones temporales de la RESICA (Red Sismológica de Cariaco, 1997), complementadas con la red de FUNVISIS (Venezuela) y la Seismic Research Unit (SRU) de Trinidad.
- Análisis: sísmica de refracción aplicada a los tiempos de llegada de esos registros, para invertir velocidades y profundidades de las interfaces corticales.
- Control gravimétrico: mediciones de gravedad para restringir el modelo de densidades y resolver ambigüedades del método sísmico.
Por qué combinar refracción y gravimetría
Ningún método geofísico es suficiente por sí solo. La sísmica de refracción da buena resolución de las velocidades y de la profundidad de las interfaces, pero pierde definición donde una capa rápida cubre a una lenta. La gravimetría, en cambio, es sensible al contraste de densidad —y por tanto al espesor total de sedimentos— pero admite infinitas soluciones. Al imponer que un mismo modelo satisfaga a la vez los tiempos de llegada y la anomalía gravimétrica, el abanico de estructuras posibles se reduce drásticamente.
Explóralo en el modelo
En el modelo interactivo, activa «Rayos sísmicos» para ver cómo las ondas se refractan al cruzar cada capa de la corteza según la ley de Snell, y «Simular sismo» para reproducir un evento somero de El Pilar como el de 1997.
Modelo tectónico interactivo
La falla de El Pilar: transpresión en el oriente de Venezuela
Diagrama de bloque tridimensional del límite entre la placa del Caribe y la litósfera suramericana. Arrastre sobre la figura para girar el bloque y use los mandos para gobernar el desgarre dextral, la deformación acumulada, la convergencia oblicua y la traslación del bloque caribe.
El modelo traza los rayos sísmicos y su refracción por las capas (ley de Snell), con el Moho como interfaz más marcada — el mismo principio con el que se determinó su profundidad.
Resultados: el espesor de la corteza
El resultado de fondo es la profundidad a la que termina la corteza. Bajo la región del golfo de Cariaco, la discontinuidad de Mohorovičić —el Moho— se ubica a 35,4 km. Ese es el piso de la corteza continental: por debajo empieza el manto.
Qué le ocurre a la onda cuando llega al Moho
El Moho no es una superficie material que se pueda tocar: es un contraste de velocidad. Por encima, la corteza inferior transmite las ondas P a unos 6,6 km/s; por debajo, las peridotitas del manto lo hacen a cerca de 8,0 km/s. Ese salto —el mayor de toda la columna litosférica— es lo que convierte al Moho en un espejo sísmico.
Cuando un frente de ondas incide sobre esa interfaz, su destino depende del ángulo de incidencia. Con los valores de esta región, el ángulo crítico vale:
Y a partir de ahí se abren tres comportamientos bien distintos:
- Incidencia subcrítica (< 50,8°): la onda se parte. Una fracción se transmite al manto refractándose y alejándose de la normal; el resto se refleja y vuelve hacia arriba, todavía débil.
- En el ángulo crítico (= 50,8°): el rayo refractado sale a 90°, es decir, viaja a lo largo de la interfaz, a la velocidad del manto. Al hacerlo va radiando energía de regreso a la corteza: nace la onda de cabeza.
- Incidencia supercrítica (> 50,8°): ya no hay transmisión posible. Ocurre reflexión total interna y prácticamente toda la energía regresa a la superficie. Por eso la reflexión del Moho es, a gran ángulo, la llegada más enérgica del registro.
Ese es exactamente el comportamiento que reproduce el modelo 3D de más arriba: los rayos que bajan con poca inclinación cruzan al manto, y los que llegan pasados los 50,8° rebotan y vuelven.
Las tres fases y su nomenclatura
Cada trayectoria posible llega a la estación como una fase distinta, con su propio nombre. La convención es transparente una vez que se conoce la clave: la letra indica el tipo de onda y el subíndice describe el camino. La m minúscula significa siempre Moho.
| Fase | Trayectoria | Qué aporta |
|---|---|---|
| Pg | Onda directa: viaja por la corteza sin tocar el Moho | Velocidad media de la corteza |
| Pm (PmP) | Baja como P, se refleja en el Moho, sube como P | Profundidad del Moho |
| Pn | Onda de cabeza: se refracta a lo largo del techo del manto | Velocidad del manto y tiempo de intercepto |
De ahí que Pm se escriba en forma completa como PmP: P bajando, m reflexión en el Moho, P subiendo. Ambas notaciones designan la misma fase; la abreviada es común en la literatura de refracción.
Cómo se identifican las fases: la sección de registro
Un sismograma aislado no dice cuál de sus llegadas es Pg, cuál Pm y cuál Pn: solo muestra una sucesión de pulsos. La identificación no se hace traza por traza, sino comparando muchas estaciones a la vez.
El procedimiento consiste en montar los sismogramas de las distintas estaciones ordenados según su distancia al evento, uno debajo del otro, en un mismo eje de tiempos. Ese montaje se llama sección de registro. En cuanto las trazas se ordenan así, ocurre algo revelador: las llegadas que corresponden a una misma fase dejan de estar dispersas y se alinean formando una curva coherente a lo largo de todas las trazas. Lo que en un registro suelto era un pulso ambiguo, en el conjunto se convierte en un rasgo continuo que puede seguirse con una línea trazada sobre las gráficas — y sobre esa alineación se miden los tiempos de llegada.
Sección de registro esquemática para la estructura hallada: cada traza horizontal es una estación, ordenadas por distancia epicentral. Las líneas de color siguen la alineación de cada fase a través de las trazas y los puntos marcan los tiempos de llegada medidos. Nótese cómo, pasada la distancia de cruce, Pn se adelanta a Pg.
La pendiente de cada alineación tiene un significado físico inmediato: su inversa es la velocidad aparente con que el frente de ondas barre la superficie. Por eso la alineación de Pn es más tendida que la de Pg — porque el manto es más rápido — y por eso la velocidad aparente sirve de control de calidad de la propia identificación.
Los criterios de correlación
Seguir una fase a lo largo de la sección no es un ejercicio libre: la correlación se somete a criterios explícitos, en dos niveles sucesivos.
Correlación de fases
Consiste en seguir una misma fase de traza en traza. Para aceptarla deben cumplirse:
- Las amplitudes deben exceder a las amplitudes correspondientes al ruido.
- Las velocidades aparentes deben ser razonables, de acuerdo con los modelos corticales conocidos para esas estructuras.
- La curva camino-tiempo debe ser de longitud adecuada para resolver la estructura cortical en la profundidad de interés.
Correlación de grupos
Una fase rara vez se sigue sin interrupciones a lo largo de todo el arreglo: la cobertura tiene huecos y la relación señal/ruido varía. El segundo nivel consiste en unir segmentos separados de correlación de fases en una sola curva coherente. Sus criterios son:
- Se unen segmentos separados de correlación de fases.
- Las velocidades aparentes deben ser razonables, de acuerdo con los modelos corticales conocidos para esas estructuras.
- La curva camino-tiempo debe ser de longitud adecuada para resolver la estructura cortical en la profundidad de interés.
Los dos primeros criterios protegen contra los dos errores típicos: confundir ruido con señal, y asignar a una fase una identidad incompatible con la física del medio. El tercero es de índole distinta y suele subestimarse: una correlación corta no resuelve. Para determinar una interfaz a 35 km de profundidad hace falta que la curva camino-tiempo se extienda lo suficiente en distancia — de ahí la necesidad de una red regional amplia y no de unas pocas estaciones cercanas. La resolución en profundidad está limitada por la extensión del arreglo.
Cómo se leen en el registro: la dromocrona
Al graficar el tiempo de llegada frente a la distancia epicentral se obtiene una dromocrona, y en ella cada fase dibuja una curva característica. Esta es la que corresponde a la estructura hallada bajo el golfo de Cariaco:
Dromocrona calculada para una corteza de 35,4 km con Vcorteza = 6,2 km/s y Vmanto = 8,0 km/s. Pg es una recta por el origen; Pm describe una hipérbola que tiende asintóticamente a Pg; Pn es una recta de menor pendiente que arranca del tiempo de intercepto y es tangente a Pm en la distancia crítica.
Tres rasgos geométricos hacen legible el gráfico, y cada uno encierra un dato físico:
- El tiempo de intercepto (ti = 7,2 s): donde la recta de Pn corta el eje de tiempos. No es un tiempo real —a distancia cero no existe Pn— sino la huella del espesor de corteza que la onda tuvo que atravesar para bajar y volver.
- La distancia crítica (~87 km): el punto donde Pn nace, tangente a la hipérbola de Pm. Antes de esa distancia la onda de cabeza sencillamente no existe.
- La distancia de cruce (~199 km): más allá de ella, Pn adelanta a Pg y pasa a ser la primera llegada. Aunque su camino es más largo, el tramo por el manto a 8,0 km/s compensa con creces el rodeo. Que la primera llegada deje de ser la onda directa es la señal inequívoca de que se está registrando el manto.
De las fases al número: los 35,4 km
Identificadas las fases, la profundidad se obtiene por dos vías independientes que deben coincidir. A partir del tiempo de intercepto de Pn:
Y de forma alternativa, a partir de la distancia de cruce:
Que ambos caminos entreguen la misma cifra es la primera comprobación. La segunda la aporta la hipérbola de Pm, cuya curvatura ajusta la profundidad de manera directa. Y la tercera, ya fuera de la sismología, es el contraste de densidad: el salto de ~2,9 a ~3,3 g/cm³ produce una anomalía gravimétrica que solo es compatible con un Moho a esa profundidad. Cuando tres métodos con supuestos distintos convergen en el mismo número, el resultado deja de ser una interpretación posible para volverse una medición.
Una zona de baja velocidad a 13 km
Además del Moho, el análisis detectó una posible zona de baja velocidad a unos 13 km de profundidad, con un espesor aproximado de 650 metros. Una zona de baja velocidad es una capa donde la onda sísmica viaja más lento que en el material que tiene encima —lo contrario de lo que ocurre normalmente al aumentar la presión— y suele asociarse a materiales más débiles, fracturados o con presencia de fluidos.
Una coincidencia que merece atención
El terremoto de 1997 nucleó a 11 ± 1,5 km de profundidad. La zona de baja velocidad detectada se sitúa a 13 km. Ambas cifras caen, dentro del margen de error, en el mismo nivel de la corteza. Que la ruptura se inicie justo donde el medio pierde rigidez no es sorprendente desde la mecánica de fallas: una capa más débil concentra la deformación y puede condicionar dónde arranca —y hasta dónde llega— la ruptura. Es una relación sugerente entre estructura profunda y comportamiento sismogénico.
La cuenca por dentro
A escala superficial, el rasgo central es un gradiente de velocidad muy marcado en el primer kilómetro y medio de sedimentos. En la parte central de la cuenca, la velocidad de onda P pasa de 1,5 km/s en superficie a 4,0 km/s a 1,5 km de profundidad.
| Nivel | Velocidad Vp | Interpretación |
|---|---|---|
| Superficie de la cuenca | 1,5 km/s | Sedimentos recientes, poco consolidados y saturados |
| Transición | 1,5 → 4,0 km/s | Compactación progresiva del relleno sedimentario |
| 1,5 km de profundidad | 4,0 km/s | Sedimentos consolidados / techo del basamento |
Ese salto —de 1,5 a 4,0 km/s en apenas kilómetro y medio— no es un detalle técnico. Es precisamente la condición que produce amplificación de las ondas sísmicas: cuando una onda pasa de un medio rápido y rígido a uno lento y blando, su amplitud crece y su duración se alarga. La cuenca actúa como una caja de resonancia.
La consecuencia práctica
La estructura de la cuenca explica un hecho observado en 1997: el daño no se distribuyó según la distancia al epicentro, sino según el terreno. Las poblaciones asentadas sobre el relleno sedimentario blando sufrieron mucho más que las situadas sobre basamento, aun estando a distancias comparables de la ruptura. Conocer el espesor y la velocidad de esos sedimentos es, por tanto, un insumo directo para la microzonificación sísmica y para las normas de construcción de Cumaná, Cariaco y el resto del golfo.
Referencias y fuentes
- Contreras, R. — La estructura cortical de la cuenca del golfo de Cariaco mediante el análisis sísmico de refracción de las réplicas del sismo de Cariaco, 1997. Tesis de grado. (Base de datos y concepto de este artículo.)
- Contreras, R.; Schmitz, M.; Alvarado, L.; Lüth, S. — La estructura de la corteza en la región del terremoto de Cariaco de 1997, oriente de Venezuela, basada en sísmica de refracción y data gravimétrica. (Moho a 35,4 km; zona de baja velocidad a 13 km, ~650 m de espesor.)
- Passalacqua, H. et al. (1995) — Modelo geodinámico del oriente de Venezuela: la falla de El Pilar como estructura superficial que se bifurca en profundidad en una cuña intracortical, con transferencia del movimiento lateral en régimen de convergencia oblicua.
- Russo, R. et al. (1993) — Convergencia oblicua a lo largo de fronteras de placas y yuxtaposición superficial de fallas de transformación mayores.
- Mocquet, A. (2007) — Analysis and interpretation of the October 21, 1766 earthquake in the Southeastern Caribbean. Journal of Seismology, 11, 381–403. (Fuente de 1766 a profundidad de 85 ± 20 km; magnitud recalibrada 6,5 < Ms < 7,5; no atribuible a El Pilar.)
- Audemard, F.A. et al. (2025) — Sismicidad de profundidad intermedia de la losa de subducción de las Antillas menores, próxima a la península de Paria, Venezuela. Boletín de Geología, 47(1), 105–127. (Desgarre litosférico y STEP; 1766 y el sismo de 2018, Mw 7,3, como eventos profundos de la losa; la COVENIN 1756-1:2019 subestimaría la amenaza en el sur del país.)
- Schmitz, M. et al. — The velocity structure of the Cariaco sedimentary basin, northeastern Venezuela, from refraction seismic data and possible relationship to earthquake hazard. Journal of South American Earth Sciences.
- FUNVISIS — Estudios sobre el terremoto de Cariaco del 9 de julio de 1997 y sobre el sistema de fallas cuaternarias de Venezuela.
- Red Sismológica de Cariaco (RESICA, 1997); red sismológica de FUNVISIS (Venezuela) y Seismic Research Unit (SRU), Trinidad.
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