Túnel Guamacán, cinco meses después
El avance es indudable, aunque lento. Y ahora se asoma El Niño.
Se cumplen cinco meses del colapso del Túnel Guamacán, y los mismos meses sin que se surta con el vital líquido a Cumaná, Margarita y otros municipios del estado Sucre con el agua del embalse Santiago Mariño, en el Turimiquire.
Sin embargo, la situación actual no es tan desesperante —o no lo es tanto como lo fueron los primeros tres meses—, por lo menos para Cumaná. El protocolo de asistencia mediante las maniobras que se realizan en la operación de la red hídrica-potable en el área urbana de Cumaná tiene un buen resultado y perfil. Pero no podemos olvidar que el agua que se toma en Cumaná viene actualmente de las tomas en los ríos Cancamure (en el valle de San Juan) y Manzanares (en la localidad de Mochimita, carretera Cumaná–Cumanacoa).
Ambos están expuestos al paso de las ondas tropicales, pero más el Manzanares: por ser su recorrido desde la serranía en lo alto del Turimiquire (cerro La Peonía), queda expuesto al sedimento, lo que incrementa la turbidez del agua al límite de que no pueda ser procesada en la planta de tratamiento Juan José Codallos. La suma de ambos caudales —Manzanares y Cancamure— es próxima al 50 % de lo que la ciudad recibía por el túnel de trasvase, unos 2.000 litros por segundo; o lo que debía recibir. Margarita y los otros municipios del estado Sucre nada reciben de esas fuentes, y su martirio se atiende solo desde el embalse Clavellinos.
Esta realidad, y ese equilibrio vivencial, a veces no se tiene presente en el día a día de los cumaneses. Y es bueno actualizar el parte de la situación en relación al mes anterior.
El parte, a cinco meses
1.Lo que sabíamos de febrero a junio
El colapso, y su origen. El colapso en varias partes a lo largo de la zona explorada del túnel Guamacán se había superado hasta la cota media del mismo. Donde no se pudo avanzar fue por la presencia de una cavidad, mencionada por el propio ministro de Aguas: un vaciado lateral de aproximadamente 20 × 20 × 20 metros abierto a un costado del túnel. Su origen —coherente con la física que he venido describiendo— sería un socavamiento lateral, producto del desprendimiento y colapso del techo en ese punto, que el agua esquivó primeramente y luego debió ir horadando y ensanchando, arrastrando material desde su origen al resto del túnel e interrumpiéndolo en diversas partes con esos escombros. Esos fueron los colapsos que se atendieron inicialmente.
El trabajo en la cavidad. Como habíamos dicho anteriormente, allí se trabaja actualmente con lentitud, con apuntalamiento de malla, vigas y concreto proyectado. La cavidad sigue siendo peligrosa: el desprendimiento de roca es continuo, tanto desde la bóveda como desde su profundidad interior, con rocas de diámetros considerables que alcanzan más de medio metro. Los obreros no pueden avanzar al ritmo esperado sin resguardos de alguna naturaleza (la protección "tortuga" que anteriormente mencioné, al parecer, no funciona dentro de la cavidad). La cavidad, como el hall de un gran teatro, requiere de mucha ingeniería y mucho sentido común. Esa riesgosa operación es la que lentifica el avance hacia zonas aún desconocidas dentro del túnel.
Lo bueno: el sismo no afectó lo conocido. Como era de esperar, el Terremoto de La Guaira no produjo ninguna afectación en el interior de lo conocido del túnel. Porque la roca es transparente al paso de la energía sísmica, no así los suelos no consolidados o saturados de agua. Claro que la física no es perfecta: sí existen zonas en dudoso equilibrio en alguna parte del recorrido tubular.
Los servicios dentro del túnel se suponen mejorados (luz, aires, WiFi, etc.), a lo cual se suman los requerimientos para proyectar el concreto activado para su rápida consolidación.
2.Cuando se supere la caverna
Cuando se supere la caverna —que esperemos sea en lo que resta del mes—, entonces se avanzará sobre el siguiente e inmediato taponamiento: ese que ya hemos dicho que fue perforado y no emanó el agua que se suponía retenida; un dato que inquieta. Una vez despejado, se deben explorar los casi dos kilómetros ignorados del túnel (1.900 m). Eso es lo que todos los atentos al túnel esperamos. Pero eso lo deciden la geología y la ingeniería.
Si el túnel estuviera lleno de agua desde la represa, perforar el tapón debería hacer brotar al menos un hilo. Que no salga nada admite una lectura razonable: más allá debe de haber otra u otras obstrucciones.
3.Lo que seguimos sin saber
Puedo repetir lo del mes pasado: aún quedan unos 1,9 km del túnel que nadie ha visto, el tramo entre los dos frentes. Es la última caja negra. Mi expectativa, prudente, es que ese segmento no presente retos mayores que los ya encontrados —obstrucciones, desprendimientos, sostenimiento—; pero "prudente" no es "garantizado", y mientras no se reconozca, cualquier cronograma es una promesa, no un dato.
4.Mientras tanto, la ciudad debe esperar
No habrá milagros dentro del túnel Guamacán. Pero esa espera ya no es a grifo cerrado: las autoridades han resuelto muchísimos problemas para que recibamos el agua, al punto de que ya no solo bebemos, sino que atendemos los otros servicios que el agua resuelve.
Sin embargo —repito—, sobrevivir con 1.000 litros por segundo de emergencia —mitad del río Manzanares, mitad del Cancamure— es decir, la mitad de lo que aportaba el Turimiquire por el túnel. Esa media ración es frágil: estamos en temporada de ondas tropicales, y la turbidez que esas lluvias arrastran degrada la calidad del agua hasta el punto de impedir su procesamiento en la planta Juan José Codallos. El suministro de respaldo no solo es la mitad: puede caer justo cuando más llueve.
5.El Niño: un nuevo frente que atender
Un "Super Niño" en el horizonte
Ahora tenemos declarado el fenómeno de El Niño, un nuevo frente de preocupación que hay que atender. Este Niño se ha caracterizado como Super Niño, y sus efectos se harán sentir en el planeta con distintos sincronismos. En el oriente de Venezuela agravará el verano y traerá una sequía desproporcionada; se presentará en cuatro o cinco meses, y mucho podemos hacer para prepararnos.
Sobre todo en lo relativo a la isla de Margarita, ya que depende del disminuido embalse de Clavellinos y de la decena de plantas desalinizadoras instaladas allá. El verano pudiera desatar una nueva crisis hídrica para Margarita, sobre la que ya está, y agudizar la de Cumaná.
Pozos urbanos: mitigar El Niño sin perder tiempo
La perforación de pozos en el área urbana pudiera mitigar los efectos de El Niño. Pero eso requiere no perder el tiempo y enfrentar esa posibilidad con el ritmo necesario de la urgencia: si los efectos llegan en cuatro o cinco meses, el trabajo empieza hoy, no cuando el verano ya esté encima.
6.Conclusión: el avance es indudable, aunque lento
A cinco meses, mi criterio inicial se mantiene y se afina. Al esfuerzo técnico —que hay que reconocer— se le superpone ahora la amenaza de El Niño y la agudeza del verano (evaporación, irradiación solar, etc.). Pero reconocerlo no cambia la aritmética del problema: faltan, como mínimo, los meses que restan del año —probablemente más— para que exista siquiera una posibilidad mínima de que el agua de la represa vuelva a brotar por la salida del túnel. Y eso sin contar lo que depare el 1,9 km aún ignorado.
Rommel J. Contreras G. · Físico · AGHES · Tecnología Cumanesa — Cumaná, Venezuela.
Pues, como " supuestos" impresiona con coherencia este análisis de la situación..Sintetizar la información pública, juntarla con los conocimientos propios y presentarla de forma coherente( al menos para los menos preparados en estos asuntos) es un aporte valioso, que se agradece.
ResponderBorrarEs un supuesto... que no supongo 🤔
BorrarAsí es.
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