Serie · Variabilidades climáticas que nos afectan
El viento ya no sopla como antes
viento, surgencia y sardina en el oriente de Venezuela
Parte 1 · Los actores y el escenario
Por: Academia de GeoHistoria del Estado Sucre (AGHES) · Observatorio ENSO · Caribe Oriental · Rommel J. Contreras G. · Cumaná, Venezuela
La pregunta que nos guía: ¿Por qué el viento que mueve la pesca de sardina en el oriente de Venezuela está aflojando — y qué podemos esperar en los próximos diez años?
Lo esencial, en este artículo:
- En Cumaná, los vientos alisios se debilitaron un 12 % en nueve años y, con eso, la surgencia que alimenta -entre otros- a la sardina cayó un 24 %.
- No es un capricho local: es la respuesta de la atmósfera a un ciclo natural del océano Atlántico que dura décadas y que hoy está en su cresta cálida.
- Lo planteamos como una predicción comprobable: cuando ese ciclo gire (≈2030–2040), el viento debería recuperarse. Si no lo hace del todo, esa diferencia probablemente será la huella del cambio climático humano.
1. El vacío de datos que nos obligó a observar
Desde el seno de la Academia de GeoHistoria del Estado Sucre (AGHES) hemos visto con preocupación la inactividad operativa del Instituto Oceanográfico de Venezuela (IOV), adscrito a la Universidad de Oriente (UDO). Esa institución tenía entre sus objetivos el monitoreo ambiental de nuestros mares, costas y las capas bajas de la atmósfera. Hoy, salvo esfuerzos aislados, no se están alimentando de forma continua las series de tiempo oceanográficas, hidrológicas y meteorológicas que por décadas se registraron.
Ante esa ausencia de estaciones costeras, campañas y publicaciones, la AGHES decidió instalar un laboratorio virtual: el “Observatorio ENSO · Caribe Oriental”. No pretende ser un centro de investigación formal, sino una plataforma educativa y de salvaguarda del conocimiento para los habitantes del nororiente del país. A falta de datos propios, acudimos a las grandes bases de datos climáticas mundiales en la nube —fruto del esfuerzo científico internacional— y construimos series continuas mediante “estaciones geovirtualizadas” en puntos clave del eje Margarita–Cumaná.
Figura 1. Imagen satelital del eje Margarita–Cumaná con las “estaciones geovirtualizadas” (puntos naranjas): los lugares donde reconstruimos series continuas de viento, temperatura del mar y surgencia. Se distinguen la isla de Margarita, la península de Araya y el Golfo de Cariaco. Imagen: Esri / Maxar. (Existe además una versión interactiva del mapa para el blog.)
2. El viento da de comer
En la costa del oriente venezolano, los vientos alisios del noreste son el motor de la surgencia costera. Cuando el viento sopla sostenido y paralelo a la costa, empuja el agua de la superficie hacia mar abierto por efecto del Transporte de Ekman —una consecuencia de la rotación de la Tierra—. Para llenar ese vacío, asciende agua profunda, fría y cargada de nutrientes (nitratos y fosfatos). Ese afloramiento sostiene la altísima productividad de la región y, en particular, la pesquería de la sardina (Sardinella aurita) en el Golfo de Cariaco, la península de Araya y la isla de Margarita, y se extiende hacia el este más allá de El Morro de Puerto Santo.
Por eso la intensidad y la variabilidad del viento no son datos menores: gobiernan la economía pesquera y el clima de nuestra región.
Figura 2. La surgencia costera en dos vistas. Izquierda (mapa, Norte arriba, igual que el satélite): el alisio del NE sopla paralelo a la costa y empuja el agua de superficie mar afuera, en ángulo recto al viento (efecto de la rotación terrestre). Derecha (corte vertical): al alejarse el agua superficial, sube desde el fondo agua fría y rica en nutrientes, que alimenta a la sardina.
3. El viento ya no sopla como antes
Nuestra investigación no fue de campo en el sentido clásico. No salimos a medir el mar a bordo del recordado Guaiquerí II, ni instalamos las boyas y termógrafos con que antes ayudábamos a calibrar el sensor satelital SeaWiFS, protagonista del histórico proyecto CARIACO (CArbon Retention In A Colored Ocean). La nuestra es, por ahora, una investigación de escritorio, de ventana y memoria, que arranca con una constatación sencilla pero sólida en los datos del Observatorio.
Y la realidad, vista desde la costa oriental, es una sola: el viento ya no sopla como antes y la surgencia se apaga. En números: los alisios de Cumaná perdieron el 12 % de su intensidad en nueve años, y la surgencia bajó un 24 %.
Figura 3. La rapidez del viento (verde) y el índice de surgencia ISCIV (naranja) en Cumaná entre 2016 y 2024. Más allá del vaivén año a año, la dirección es clara: −12 % de viento y −24 % de surgencia.
4. Una predicción que se puede comprobar
Nuestra mejor interpretación es que este “apagón” del viento no es un daño local, sino la respuesta de la atmósfera a los cambios térmicos del océano a gran escala.
El Atlántico no tiene una temperatura fija: funciona como un gigantesco columpio térmico que tarda décadas en balancearse. Hay épocas de treinta o cuarenta años en que todo el Atlántico Norte se calienta un poco más de lo normal, para luego enfriarse en el ciclo siguiente. Hoy estamos en la cresta de esa gran ola de calor. Al estar el norte tan cálido, actúa como un “imán” atmosférico que desplaza las zonas de baja presión hacia el norte; nuestros alisios del noreste, sin el empuje térmico de antes, pierden velocidad sobre el eje Cumaná–Margarita, y la surgencia se debilita.
No es que el motor se haya roto: estamos viviendo la fase de calma de un ciclo natural planetario. Pero sobre ese columpio se ha montado un pasajero nuevo: el cambio climático de origen humano, que altera las reglas del juego. Medir qué parte de la calma actual es ciclo natural y qué parte es daño acumulado es uno de los grandes retos de nuestro Observatorio.
Figura 4. El “columpio” del Atlántico Norte (índice AMV): décadas cálidas (rojo) y frías (azul). Estamos en la cresta cálida actual (franja amarilla); la pregunta es cuándo girará hacia la fase fría (franja verde, ≈2030–2040).
Esto es una predicción científica medible —y por lo tanto refutable—:
Cuando el gran ciclo térmico del Atlántico, la Variabilidad Multidecadal del Atlántico (AMV), gire hacia su fase neutra o fría —lo que estimamos, con mucha incertidumbre, entre 2030 y 2040—, el viento de Cumaná debería recuperarse hacia sus promedios históricos de 3,8–4,0 m/s. Si la recuperación se detuviera en apenas 3,5 m/s, esa diferencia permitiría cuantificar la componente humana que se montó sobre el ciclo natural.
Figura 5. La predicción, en una imagen. Tras el giro del AMV (≈2030–2040), el viento debería repuntar: si todo es ciclo natural, vuelve a 3,8–4,0 m/s (verde); si hay un daño humano sumado, se estanca cerca de 3,5 m/s (naranja). Esa brecha sería la medida del cambio climático antropogénico.
5. Cómo se explica el fenómeno
Ordenados por su importancia para nuestra región costera (no por su fama o connotación).
5.1 El AMM: el parámetro que sugerimos vigilar
El Modo Meridional del Atlántico (AMM) es el principal modo de variabilidad acoplada océano–atmósfera del Atlántico tropical, de escala interanual y decenal. Funciona como un termómetro trans-ecuatorial: en vez de mirar un punto aislado, mide el gradiente de temperatura norte–sur de la cuenca. En su fase positiva (+AMM), el Atlántico Norte tropical se calienta y el Sur se enfría; el aire fluye del lado frío al cálido, de modo que los alisios del sureste se intensifican y nuestros alisios del noreste se debilitan. Al cambiar el viento, cambia el enfriamiento por evaporación, lo que refuerza la anomalía inicial (el mecanismo viento–evaporación–temperatura del mar).
Figura 6. El AMM en fase positiva: con el Atlántico Norte anómalamente cálido, el gradiente térmico debilita los alisios del noreste que soplan sobre Cumaná–Margarita.
Lo notable es que los datos confirman ese vínculo de forma contundente: a lo largo de 43 años, cuanto más cálido está el Atlántico Norte (AMM alto), más débil sopla el viento en Cumaná (correlación r = −0,80). Por eso sostenemos que el índice que conviene vigilar mes a mes para anticipar si la temporada de surgencia (y de pesca) será buena o mala no es el de El Niño ni la posición de la franja de lluvias (ZCIT), sino el AMM.
Para que entendamos la contundencia de este hallazgo sin perdernos en el lenguaje de los matemáticos: ese valor de correlación (r = -0,80) nos dice que el Atlántico y el viento de Cumaná juegan en una balanza casi perfecta. En la ciencia de datos, una correlación perfecta se expresa con el número uno (1,0), el signo menos (-) significa que cuando una variable sube, la otra baja obligatoriamente. Así, a lo largo de 43 años de registros, los datos demuestran que cada vez que el termómetro del Atlántico Norte se eleva, el viento en nuestras costas frena su velocidad con una sincronía notable; y al elevar ese valor al cuadrado —la forma en que la estadística mide cuánta de la variación queda realmente explicada— resulta que cerca de dos tercios (un 64 %) del comportamiento del viento de Cumaná queda determinado por lo que ocurre en el gradiente térmico del Atlántico. No es una coincidencia pasajera; es un acoplamiento físico tan estrecho que convierte al AMM en el verdadero faro operativo para predecir la abundancia o la escasez en nuestras costas.
Figura 7. Cada punto es un año (1982–2024). Cuando el gradiente del Atlántico se inclina hacia un norte más cálido (derecha), el viento de Cumaná baja (abajo). La relación se sostiene tanto en la época fría del Atlántico (azul) como en la cálida (naranja).
5.2 El AMV: el columpio lento de fondo
Al tener el AMM frecuencia interanual y decenal, actúa como un indicador rápido frente a otro más lento, el AMV (Variabilidad Multidecadal del Atlántico): una variabilidad de baja frecuencia de la temperatura del Atlántico Norte que se extiende entre sesenta y ochenta años (Enfield, Mestas-Nuñez y Trimble, 2001; Sutton y Hodson, 2005). Sus fases frías documentadas ocurrieron a inicios del siglo XX y entre 1964 y 1995; su impacto regula sequías, huracanes, las lluvias del Sahel e incluso modula al Pacífico ecuatorial.
Una aclaración de lenguaje. Antes se le llamaba AMO (“Oscilación”), pero la palabra evoca la regularidad de un péndulo, y el Atlántico no es tan matemático. La ciencia moderna prefiere AMV (“Variabilidad”), término más preciso. Ambos nombran al mismo actor.
5.3 La ZCIT: un indicador, no el motor
La Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT) es la enorme faja de nubes y lluvias que rodea el ecuador. Durante la fase positiva del AMM se desplaza hacia el norte. Es importante entenderla bien: la ZCIT es un indicador del estado de la cuenca, no la causa de nuestros vientos. Se mueve porque cambió el gradiente térmico, igual que nuestros alisios. Nuestro propio análisis y el de grupos de referencia coinciden: la posición de la ZCIT no es lo que “apaga” la surgencia (Colna, 2017, del grupo de la cuenca de Cariaco, USF).
Para profundizar — Los pioneros de la ZCIT. Mucho antes de los satélites comerciales, la ORSTOM francesa (hoy IRD) descifró la dinámica de la ZCIT. Entre 1982 y 1984 lideró el programa FOCAL, con boyas ancladas y a la deriva a lo largo del ecuador y buques como el Capricorne, transmitiendo temperatura y viento por el sistema ARGOS con apenas 24–48 horas de retraso —una revolución para una época que esperaba meses por una campaña—. Instrumentaron barcos mercantes con sondas térmicas (XBT) para mapear la termoclina hasta 400 m. Su lección sigue vigente: todo “tiempo real”, aunque no sea instantáneo, es preferible a romper una serie histórica.
5.4 El ENSO: un modulador secundario
El fenómeno de El Niño / La Niña (ENSO) del Pacífico también nos toca, pero como un modulador secundario, no la causa de la tendencia: su huella sobre el viento de Cumaná es débil y coyuntural. Por eso lo vigilamos, pero no lo ponemos en el centro del escenario y del comportamiento del viento a largo plazo.
Para profundizar — ¿Cómo se mide la temperatura del mar (SST)?
Hay dos caminos. Sensores remotos en satélites: los de infrarrojo (IR) miden la “piel” del mar (micras de espesor) con gran detalle (píxeles de ~1 km) pero son ciegos ante las nubes; los de microondas miden una capa algo más gruesa (hasta ~1 cm) y sí atraviesan las nubes, pero con menos resolución (píxeles de decenas de kilómetros). Y la medida in situ —boyas, barcos, termómetros— que aporta datos reales y calibra a los satélites. De todos ellos provienen los datos que usamos.
Para profundizar — Monopolo (AMM) frente a otros ciclos como el tripolo (NAO)
No toda anomalía del Atlántico es igual. El AMM dibuja un patrón monopolar: dos grandes bloques (norte cálido / sur frío) a cada lado del ecuador. La Oscilación del Atlántico Norte (NAO), nacida en latitudes altas, dibuja un tripolo: tres bandas alternas desde Groenlandia hasta el Caribe. Distinguir el bloque tropical del “sándwich” de la NAO es clave para saber si una anomalía en Sucre responde a un pulso tropical directo o al eco de algo nacido en el Atlántico profundo.
6. Ficha metodológica: nuestras series y fuentes
Para reconstruir y monitorear las “estaciones geovirtualizadas”, procesamos series de acceso abierto de consorcios de primer orden:
- Viento (motor de la surgencia). Reanálisis ERA5 del Centro Europeo (ECMWF/Copernicus): componentes del viento a 10 m, resolución ~31 km, horaria/mensual.
- Temperatura del mar (SST). Datos satelitales y combinados de la NOAA; anomalías de SST en los puntos de afloramiento. Verificamos la robustez con dos productos independientes (ERSST y HadISST1), que concuerdan.
- Forzantes macroclimáticos. Índices del Physical Sciences Laboratory (PSL) de la NOAA: el AMM (gradiente trans-ecuatorial) y los índices ENSO (regiones Niño 3.4 y Niño 1+2).
El método del índice de surgencia que empleamos hunde sus raíces en nuestro propio trabajo regional (Aparicio y Contreras, 2003).
7. Lo que viene — y por qué le importa a usted
Hasta aquí hemos presentado el escenario y los actores. En la Parte 2 trataremos el problema exacto y mostraremos, con los datos a la vista, la cadena que va del Sol al gradiente de temperatura del Atlántico, de ahí a los alisios, y de los alisios a la sardina.
En definitiva, esto no se reduce a índices: concierne al empleo, a una fuente de proteína accesible y a la economía de Sucre. Cuando el viento afloja, la surgencia se apaga, la sardina escasea y el efecto recorre toda la cadena, del pescador artesanal a la mesa familiar.
Figura 8. Cada vez que una institución deja de medir, una serie histórica se corta (línea punteada). Reanudarla nunca recupera lo perdido: el futuro pierde el contexto del pasado.
Y de ahí nuestro reclamo final: la Crisis de Negación de Datos que hoy perturba a la comunidad científica nacional debe subsanarse con urgencia. Nos afecta a nosotros, pero sobre todo les niega posibilidades a quienes vendrán. Reconstruir series desde la nube es un paliativo valioso; no sustituye al termómetro en el agua.
Glosario rápido
- SST — temperatura de la superficie del mar.
- Surgencia / afloramiento — ascenso de agua fría y rica en nutrientes hacia la costa.
- ISCIV — índice con que medimos la intensidad de esa surgencia a partir del viento.
- AMV (antes AMO) — el “columpio” térmico del Atlántico, de 60–80 años.
- AMM — el “termómetro” del gradiente norte–sur del Atlántico tropical; el parámetro a vigilar.
- ZCIT — la faja de nubes y lluvias del ecuador; un indicador, no una causa.
- ENSO (El Niño / La Niña) — el vaivén del Pacífico ecuatorial; aquí, modulador secundario.
- ERA5 — base de datos europea que reconstruye el clima hora a hora.
Referencias
- Aparicio, R. y Contreras, R. (2003). Índice de surgencia costera inducida por el viento.
- Chiang, J. C. H. y Vimont, D. J. (2004). Analogous Pacific and Atlantic Meridional Modes of Tropical Atmosphere–Ocean Variability. J. Climate.
- Colna, K. E. (2017). Latitudinal Position and Trends of the ITCZ and its Relationship with Upwelling in the Southern Caribbean Sea and Global Climate Indices. M.S., Univ. of South Florida.
- Enfield, D. B., Mestas-Nuñez, A. M. y Trimble, P. J. (2001). The Atlantic Multidecadal Oscillation and its relation to rainfall and river flows in the continental U.S. Geophys. Res. Lett.
- Sutton, R. T. y Hodson, D. L. R. (2005). Atlantic Ocean forcing of North American and European summer climate. Science.
- Zhang, R. (2016). Atlantic Multidecadal Oscillation (AMO) — Expert Guidance. NCAR Climate Data Guide.
Observatorio ENSO · Caribe Oriental — AGHES, Cumaná, Venezuela.
Continúa en la Parte 2 · El problema exacto y la evidencia.
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